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Ponencias (p. 1) de la II Jornada Histórico-Genealógica del Tucumán y Cuyo
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En este sitio encontrará tres ponencias:
1°) de la Dra. Roxana Boixadós: "Bosquejo de una historia familiar: los Villafañe y Guzmán de La Rioja colonial".
A continuación:
2°) de D. Narciso Binayán Carmona: "Alonso de Ribera, el otro".
A continuación:
3°) de la Dra. Gloria de Villafañe:

"Severa Bernarda de Villafañe y Gómez

Tradición Oral Familiar e Investigación Histórica"

Ponencia de la Dra. Roxana Boixadós sobre los Villafañe y Guzmán

 

 

II Jornada Histórico-Genealógica del Tucumán y Cuyo

Ciudad de Todos los Santos de la Nueva Rioja

24 y 25 de octubre de 2003

 

 

Bosquejo de una historia familiar: los Villafañe y Guzmán de La Rioja colonial.

Roxana Boixadós§

 

         Como bien es sabido, la familia Villafañe Guzmán ha sido una de las más importantes entre las que integraron la elite riojana colonial y ha recibido una cuidada atención por parte de los genealogistas[1]. Igualmente, todos los trabajo que se refieren al período colonial de nuestra ciudad y su jurisdicicón encontrará en sus páginas profusas menciones sobre los miembros de esta familia, que actuaron y desempeñaron cargos de importancia en la administración, gobierno, milicia y justicia local[2]. Es este contexto conocido e investigado por diversos autores los que nos permite adentrarnos en episodios puntuales de la historia de esta familia, para conocer con cierto detalles aspectos de su vida doméstica y cotidiana. La documentación existente en el Archivo Histórico de Córdoba y en el Archivo General de Indias en España es el material que utilizamos para reconstruir una pequeña historia familiar, relacionada con los conflictos que se suscitaron a comienzos del siglo XVIII en torno a la herencia de su bien patrimonial, la hacienda de Chumbicha[3].

 

         Comencemos por recordar que el primer miembro de esta familia en arribar a tierras riojanas fue Lázaro García de Villafañe, quien formaba parte del grupo de allegados del gobernador del Tucumán Luis Quiñones Osorio. Su relación con Quiñones, oriundo al igual que Villafañe, del reino de León, le permitió lograr una buena colocación en la jurisdicción de La Rioja, donde fue nombrado lugarteniente de gobernador. En la década de 1610, nuestra pequeña aldea estaba comenzando a levantarse, después del sometimiento de los grupos diaguitas más cercanos a la localización de la ciudad, aunque quedaban aún regiones sin conquistar. El oeste riojano, era por aquél entonces todavía, una tierra remota poblada por indígenas insumisos; en ella, más precisamente en el valle de Capayán y Gundacol, se encontraba el pueblo de Quilmitambos, que le fue cedido en encomienda a don Lázaro por el gobernador Quiñones Osorio, hacia 1612 ó 13. Al año siguiente, un documento da noticia de cómo Lázaro se había casado con doña Agustina Florencio, viuda del conquistador, fundador y encomedero, Valeriano Cornejo. Dado que esta dama era la sucesora de las encomiendas de su primer marido y que su  segundo marido debía administrarlas en su nombre, al mismo tiempo que hacerse cargo de la suya propia, Lázaro se convirtió en un enomendero por partida doble, lo que no estaba permitido por las ordenanzas reales. Por ésto, el gobernador lo instó a realizar una escogencia, y Lázaro optó por las de su mujer (en 1614), que comprendía los pueblos de yuctaba y andalgalá, pertenecientes a la jurisdicción de San Juan Bautista de la Rivera. No sólo se trataba de una encomienda más numerosa sino que los grupos que la integraban estaban pacificados en ese momento. En el documento referido, el goberanador dejó constancia de la condición de caballero, hidalgo y persona muy principal de Lázaro, especificando que dicho capitán es señor del pueblo nombrado Santiago del Molinillo, en la ribera del Orbigo, reyno de León [4].

         De su matrimonio con Agustina Florencio, nació Isidro de Villafañe y Florencio (hacia 1615?), llamado a desempeñar importante puestos militares y de gobierno en la jurisidcción riojana. Pero Lázaro tenía otros hijos, nacidos en España, de su primer matrimonio con María de Gavilanes y Guzmán. Por lo menos tres de ellos, Ramiro,  Isidro (clérigo) y Manuel, llegaron en distintos momentos a reunirse con su padre[5]. Entre los laicos, el mayor de ellos fue Ramiro porque lo sucedió en el usufructo de las encomiendas de yuctaba y andalgalá. Ramiro murió en 1632, defendiendo la ciudad del ataque de los indígenas se habían rebelado, quedando la encomienda vacante. A pesar de su juventud, ese mismo año su hermano Isidro de Villafañe y Florencio (también nombrado Villafañe y Guzmán), recibió del gobernador don felipe de Alboronoz la encomienda que había tenido Ramiro. Con el paso de los años los españoles conocían mejor a los indígenas; ahora la encomienda comprendía los grupos de yuctaba, nogolma, andalgalá, malfín, asaupastes y anexos, todavía en estado de intensa rebelión[6]. Eran los tiempos del gran alzamiento diaguita (1630-1643).

         El último en aparecer en la escena riojana fue Manuel de Villafañe y Guzmán, quien suponemos arribó después de la finalización de la rebelión. Su presencia está asociada a otro gobernador, Gutierre de Acosta y Padilla, de quien recibió la encomienda de los pueblos de Pisapanaco (Londres) y Caustine (San Miguel), en 1646[7]. Los papeles familiares recuerdan que a él le cupo la tarea de recuperar los huesos de su hermano Ramiro del campo de batalla, para darles cristiana sepultura. No tardó en contraer matrimonio con una riojana de distinguido origen y mejor posición económica que el mismo Manuel; la dama en cuestión fue doña Petronila de Avila Villarroel, hija única de Baltasar de Avila Barrionuevo y de doña Felipa de la Cerda Villarroel; ambos descendientes de los primeros conquistadores y colonizadores del Tucumán. Petronila fue la prinicipal heredera de sus padres; entre sus bienes se contaba la hacienda de Chumbicha, muy próspera y con agua suficiente para el cultivo. Su primer propietario había llegado a un arreglo con los indígenas de su encomiendas, quienes le vendieron, a cambio de ovejas, tierras que ellos no utilizaban. Este fue el origen de esta propiedad familiar.

Don Manuel tuvo una larga vida durante la cual accedió a los principales puestos del cabildo; fue alcalde varias veces, lugarteniente de gobernador, regidor decano y en 1657 adquirió por remate el oficio de alférez real que permanecería en su descendencia; su figura fue reconocida y respetada por pares y gobernadores. A la muerte de su medio hermano Isidro, recibió parte de sus bienes como único heredero, ya que éste no había tenido hijos legítimos de su unión con Francisca de Vergara: una casa y solar en la ciudad y algunos esclavos. La chacra y viña que Isidro poseía dentro del ejido urbano, junto con las 16 familias de indios yocaviles obtenidas por composición en 1665 que estaban allí radicadas, le fueron legadas a Francisco de Villafañe y Guzmán, su sobrino, bajo la condición de que abandonara Santiago del Estero y se avecindara en La Rioja[8]. La importante estancia de ganados de Guaco no pudo ser mantenida dentro de la familia; tras un largo y controvertido pleito Manuel hubo de cederla a los hermanos de su cuñada también fallecida, los Vergara[9].

Con su esposa Petronila de Avila Villarroel, Manuel tuvo siete hijos varones, número y género que planteaba desafíos a la hora de intentar planificar sus destinos o al menos, de prepararlos con suficientes medios o recursos para que desarrollaran sus vidas de acuerdo con el prestigio que la familia ya tenía. Los diversos papeles reunidos sobre esta familia permiten advertir que, de acuerdo con orden de nacimiento de los hijos, ciertos roles que debían ocupar en la vida se iban asignando. El primogénito, Baltasar, recibió los privilegios más importantes: sabía que su destino era imitar las acciones de su padre y sus antepasados y se preparó para las armas, destacándose en su actuación en las campañas a Calchaquí. También él recibiría las encomiendas de su padre y el oficio de alférez real; pronto lo vemos desempeñándose en el cabildo como alcalde, y después de muerto su padre, como regidor y alférez. Es obvio que igualmente recibió instrucciones de cómo administrar la hacienda de Chumbicha; debía prepararse para tomar cuenta de ella en algún momento. En cuanto al segundo de los hijos, Francisco, ya vimos que había probado suerte Santiago del Estero, donde se casó con Lorenza de Vera y Aragón. Volvió a La Rioja después de la muerte de su tío pero sus actuaciones aquí fueron escasas y nos quedan dudas sobre en qué ciudad residía.

         Fuera de estos dos, no conocemos el orden de nacimiento de los siguientes hijos de don Manuel, pero sí que tres de ellos ingresaron al sacerdocio[10]. Los otros dos, Martín y Damián, también participaron de las campañas de guerra y de la vida política local; Martín se casó con una riojana (Juana de Soria Medrano) y Damián terminó por avecindarse en Córdoba, (casándose con Petronila Navarrete y Velasco), saliendo del escenario riojano.

         Mientras vivió el padre de todos ellos, es fácil suponer que la producción de la hacienda -y su comercialización- alcanzaba para sustentar a tan vasta familia, adelantar las partes de la herencia para aquellos que habían tomado estado eclesiástico, sostener las campañas militares que se llevaban a cabo a costa y misión de los participantes, y colaborar con la formación de las nuevas familias a medida que los hijos se casaban y nacían los descendientes. Don Manuel de Villafañe y Guzmán falleció en su hacienda en 1683; no contamos con su testamento ni tampoco con los inventarios para saber cómo sus hijos procedieron respecto de los mismos, en momentos que solían ser críticos para la familia.

Un primer indicio advierte sobre una fractura en el seno de esta comunidad de hermanos. Baltasar, el primogénito, había recibido en tercera vida la encomienda que perteneciera a su abuelo materno y su padre administraba en nombre de su esposa. Ante esto, su hermano Francisco no dudó en presentarse ante la justicia y solicitar la sucesión de la encomienda de su padre -en segunda vida-, bajo el argumento que su hermano no podía ser titular de dos beneficios al mismo tiempo. El gobernador otorgó la encomienda a Francisco pero de inmediato, Baltasar se opuso para alegar su derecho: la encomienda, según la ley de la sucesión, le correspondía a su hijo primogénito y no a su hermano. Baltasar se apoyó en la ley de la sucesión de las encomiendas que es clara en este aspecto ... los hijos o nietos de los hijos mayores prefieren a los hijos segundo... ; por esto solicitó la nulidad de la cédula otorgada y la reasignación para su hijo primogénito, llamado como su padre Manuel de Villafañe y Guzmán. En este punto se desató un conflicto entre ambos hermanos; como Franciso se resistía a contestar los recursos que presentaba su hermano ante la justicia, éste acabó solicitando al alcalde que acusara de rebeldía a Francisco y que no lo dejara salir de la ciudad ni en sus pies ni en ajenos hasta que el gobernador emitiera un auto. Y en efecto, en 1684 el gobernador Mate de Luna declaró nula la encomienda otorgada a Francisco por no tener noticia que Baltasar de Villafañe y Guzmán tenía un sucesor... [11]. Es imaginable el resentimiento de Francisco quien obtuvo permiso del gobernador para apelar a la Real Audiencia; por lo que sabemos, sus reclamos no hallaron eco ante este tribunal.

 

         El enfrentamiento entre el primogénito y el segundogénito no terminó aquí. Por los inventarios producidos a raíz de la muerte de Baltasar, ocurrida en 1718 (casi con ochenta años), descubrimos que los hermanos Martín y Damián habían vendido sus hijuelas a Baltasar para evitar que la hacienda de Chumbicha fuera fraccionada. En los papeles de la época, Baltasar figura como único propietario de la hacienda pero sin embargo, una pequeña parte de ella le pertenecía a Francisco, quien no había querido suscribir tal acuerdo. Esta desición, que implicaba una clara ruptura con Baltasar y un desafío a su autoridad como hermano mayor, le trajo varias complicaciones a sus herederos. Diez años después de estos hechos, encontramos que Francisco vendía a Juan Sánchez de Loria la chacra de la ciudad que su tío Isidro le había legado. Fue su último lazo con su ciudad natal y con su familia; se retiró a San Miguel de Tucumán, donde se casó en segundas nupcias con Bárbara García Valdés.

 

         En suma, podemos pensar que el grupo de hermanos mantuvo su cohesión mientras vivió el padre; a su muerte, Baltasar ocupó el rol de "cabeza de familia" para el cual había sido preparado; asumió sus responsabilidades como tal, pasó casi toda su vida atendiendo los asuntos de la hacienda -salvo en períodos de campaña militar-, desempeñándose en el cabildo al tiempo que formaba su propia familia[12]. De su padre recibió no sólo el oficio del cabildo, las encomiendas y posiblemente el mandato de que tratara de no dividir la hacienda -aunque esta puedo haber sido una decisión tomada y consensuada entre Baltasar, Martín y Damián- sino todo el archivo de papeles y certificaciones familiares, un verdadero acervo de la memoria familiar compuesto por testamentos, certificaciones, cartas, dotes, cédulas, títulos, nombramientos, compromisos, visitas y padrones de indios, que fueron uno a uno enumerados en el inventario de sus bienes después de su muerte[13]. Sus dos hermanos, Martín y Damián, asumieron también el rol que les cabía por su orden de nacimiento: debieron procurarse sus propias encomiendas y a pesar de varias presentaciones que realizaron, no obtuvieron ninguna. Perdemos el rastro de Damián que se estableció en Córdoba, buscando un lugar para sí mismo que no tenía en La Rioja[14]. Martín permaneció en su ciudad, como segunda persona de su hermano; lo encontramos en la visita de Luján de Vargas como administrador de unas familias de calchaquíes y tobas que pertenecían por herencia a su mujer. Las declaraciones de los indígenas lo muestran como un ser cruel y sin escrúpulos a la hora de obtener hilados y trabajo de los encomendados; él mismo, en su descargo, no desmintió esa imagen sino que la potenció, justificando los castigos que les propinaba[15].

         Francisco fue entonces, el único que se atrevió a desafiar el rol que le fuera impuesto dentro de la familia y es evidente que se hizo cargo de sus acciones. Las investigaciones sobre la elite tucumana del siglo XVIII nos presentan a varios miembros de esta familia ocupando puestos de prestigio en esa ciudad y dedicados con sustancial éxito a la actividad mercantil. Se trata de Diego de Villafañe y Valdés, el último de sus hijos[16].

 

         En tanto que la descendencia de Martín instalada en La Rioja va perdiendo notoriedad y protagonismo en la escena local -algunos se casaron con miembros de una elite ya de segunda línea para comienzos del siglo XVIII- sucedió exactamente lo contrario con la descendencia de Baltasar de Villafañe y Guzmán y Mariana Ramírez de Velasco, bisnieta del fundador Juan Ramírez de Velasco; su presencia es constante desde fines del siglo XVII en toda la documentación de la época. Esta generación compuesta por once hermanos -4 varones y 7 mujeres- debió enfrentar, sin embargo, sus propias vicisitudes; la producción de la hacienda y los negocios en los que participaba su padre debieron prever dotes acordes con su condición social para siete mujeres y sostener a los varones que debían desempeñarse en iguales condiciones que sus antepasados. Como Baltasar murió de edad muy avanzada -y más para este contexto- tuvo suficiente tiempo como organizar y pautar la dinámica familiar. El mayor de sus hijos, Manuel, comenzó desde joven a ejercer los oficios capitulares y su padre renunció a su favor el cargo de alférez dándole oportunidad para que se afianzara en el cabildo, dominado por ese entonces por los miembros de la familia Bazán[17]. Las tensiones y conflictos que a principios del siglo XVIII animaban la vida del cabildo ocuparon de lleno la atención de Manuel, por lo que el segundo de sus hijos, Santos, debió dedicarse de la administración de la hacienda y de las encomiendas. El tercero, llamado Lucas, estaba encargado de realizar los viajes con carretas a distintas ciudades, donde se comercializaba el vino producido en Chumbicha. El cuarto de los hijos, Isidro, optó por la carrera militar; abandonó muy joven La Rioja para instalarse en San Miguel de Tucumán en donde la frontera con el Chaco exigía hombres y bastimentos para defender la ciudad. Aquí se casó y tuvo sus hijos; pasó en la frontera de guerra más de 16 años sin lograr obtener la recompensa tan ansiada: una merced de encomienda.

 

         Hasta aquí, las fuentes indican que cada hermano de la tercera generación de los Villafañe y Guzmán cumplía un rol determinado dentro de la familia y que en conjunto lograban articular funciones y actividades diversas. Las cosas comenzaron a cambiar hacia 1714, en particular para Isidro, que poco a poco fue dejando su carrera militar para hacerse cargo de una serie de cuestiones familiares. En efecto, ese año murió en Yavi, su tío Lázaro de Villafañe y Guzmán que se desempeñaba allí como visitador y Juez eclesiástico. Su padre le pidió que se hiciera cargo de la testamentaría. Según declaró años después el propio Isidro, estos trámites le llevaron más de un año. En Jujuy cumplió también varias misiones oficiales que lo mantuvieron lejos de La Rioja hasta 1716, cuando su padre nuevamente lo llamó de regreso a casa. Dos sucesos enlutaban a la familia; por un lado, la muerte de su hermano Santos, que dejaba un hijo legítimo, Joseph, como heredero y un complejo pleito con su suegra por la falta de pago de la dote de su mujer; por otro, el asesinato de su hermana Francisca a manos de su esposo (Juan de Adaro y Arrazola), ocurrido en Córdoba. Don Baltasar encargó a Isidro que se trasladara allí de inmediato para recuperar la tenencia de sus nietas que las justicias locales habían colocado bajo la guarda de convento. Su misión era entonces traer a las niñas menores a Chumbicha, donde su abuelo las casaría llegado el momento, para lo cual debió contraer deudas con particulares: necesitaba dinero en efectivo no solo para costearse el viaje y estancia en Córdoba sino para responder ante la justicia por los trámites de guarda de sus sobrinas.

 

         En 1717 Isidro retornó a La Rioja y se encontró con el mayor problema que habría de enfrentar su familia: su hermano mayor Manuel, quien era desde 1713 lugarteniente de gobernador, su hermano Lucas y su sobrino Bernardino de Villafañe, hijo de Manuel, estaban acusados del intento de asesinato del maestre de campo Juan José Brioso Quijano[18]. La situación no podía ser más grave: Manuel había sido suspendido en el ejercicio de sus cargos y oficios y desterrado a su hacienda; Lucas y Bernardino estaban asilados en la Iglesia de los jesuitas y luego fueron enviados detenidos a Jujuy y La Plata donde la causa por intento de asesinato, agravios e injurias seguía su curso. El gobernador había ordenado, además el embargo de los bienes. En 1718, Isidro estaba en la cuidad de La Plata donde se desarrollaba en juicio contra su hermano, pagando apoderados y fianzas para lograr su libertad. Mientras, en la hacienda de Chumbicha, fallecía don Baltasar, que a pesar de ser el patriarca de una familia tan numerosa, estaba acompañado sólo por una hija, una nuera y un nieto.

 

         Nos hemos detenido a examinar de cerca esta serie de hechos debido a que en conjunto permiten explicar y comprender las actitudes que asumió  Isidro de Villafañe y Guzmán respecto de su familia a partir de la muerte de su padre. Hasta aquí, el relato de su vida tomado de sus propios testimonios nos devuelve la imagen de un hombre que dedicó buena parte de su vida a lograr una posición a través de su actividad militar y que, fracasado su intento de obtener una encomienda, fue asumiendo cada vez más roles y funciones dentro de su familia de orientación. En conjunto, parece una vida llena de sacrificios y con pocas recompensas para quien respondió en todo momento de la manera que se esperaba de él.

         En 1719, Isidro se decidió a solicitar a las autoridades de la ciudad de Catamarca que procedieran a realizar las partijas de los bienes de su padre, previniéndose de los conflictos que ya se venían anunciando:

 

... parece que la hacienda se va deteriorando y perdiendo y sus frutos y asimismo perdiéndose aprovechándose sólo de ellos dicho don Manuel y don Lucas de Villafañe por cuyo motivo se nos sigue materias tan graves y escandalosas que pudieran servirnos de escarnio y vituperio con muchas pérdidas de caudales y honras el haberlas de poner por querella como pudiera y debiera hacerlo en esta ocasión, motivos con el de mi honor propio para abstraerme de tan justos sentimientos y juntamente por haber habido personas de autoridad y celo que me han dado el parecer sin la pasión que me acompañaba y solo si, para evitar nuevas discordias en las cuales lleguemos a daños irreparables se ha de servir en justicia proveyendo auto de remedio para que con autoridad judicial se haga la colación y partición de la dicha hacienda entre dichos cuatro herederos... [19]

 

         Personas de "autoridad y celo" habían aconsejado a Isidro que realizara esta presentación judicial; esto deja entrever algunos intentos privados de acuerdo que no llegaban a buen puerto y que habían llenado de "pasión" a Isidro. Un conflicto abierto, además, en una de las familias más importantes de la elite local, la exponía al "escarnio y vituperio" y a la pérdida del honor. Por su parte, Manuel y Lucas, instalados en La Rioja y comprometidos en los problemas políticos locales, no mostraban la misma preocupación por efectuar el reparto. Cuestionaron el derecho de las autoridades catamarqueñas para entender en el asunto, ya que don Baltasar y la familia entera, tenían la vecindad establecida en La Rioja. Sin embargo, desde que se fundara la ciudad de San Fernando (1684) la hacienda estaba bajo esta jurisdicción. Así lo entendió su lugarteniente de gobernador, Esteban de Nieva y Castilla, quien dio autorización para comenzar con el procedimiento: se eligieron dos avaluadores[20] y un tercero de oficio y se inventariaron y tasaron todos los bienes hallados en la hacienda. Aquí figuran sus bienes personales (ropa, muebles, papeles), los instrumentos de trabajo, la viña con sus cepas, las tinajas de vino, el lagar y la bodega, las casas de vivienda, los bueyes, carretas, aperos y herramientas de labranza. En la declaración de herederos figuraron los hermanos Manuel, Lucas, Joseph -menor, hijo de Santos- e Isidro; en los registros quedó constancia de que una parte de la hacienda le pertenecía a los herederos de Francisco, hermano de Baltasar, partes que fueron compradas a sus herederos por Manuel. Hubo acuerdo en las cuentas y cada heredero recibió la suma de 3209 pesos en asignaciones diversas; cada uno conservó para sí una fracción delimitada de la hacienda con una determinada cantidad de cepas. El reparto siguió la estricta ceremonia del caso, arreglándonos el orden de la naturaleza, según el nacimiento de cada uno, es decir, Manuel, Josep (heredero de Santos), Lucas e Isidro[21].

 

Las partijas, aprobadas y firmadas por los coherederos -incluyendo a Joseph que con 18 años solicitó y obtuvo su emancipación- parecieron cerrar una etapa en la familia[22]. Sin embargo, poco después comenzaron las denuncias. Lucas fue acusado por Isidro de tomar las llaves de la bodega de donde sustrajo vino y otros bienes; al devolver las llaves, debieron averiguar qué faltaba y qué destino se les había dado. Manuel aprovechó para intentar cobrar unas deudas que Isidro no reconoció; éste a su vez presentó una petición para que se le pagaran los dos años en que se había desempeñado como administrador de la hacienda. Así las cosas, las partijas judiciales no habían logrado evitar que el conflicto estallara entre los coherederos; Isidro se declaró damnificado porque no se habían dividido las propiedades que su padre tenía en la ciudad de La Rioja (la casa en la ciudad, la chacra de la Ermita y otros bienes); también acusó a su hermano Manuel de haber ocultado bienes que ahora gozaban él y sus hijos, y el testamento de su padre, que nunca apareció. La enumeración de reclamos de Isidro contra sus hermanos, que comenzaron en 1719, adquirieron un tono dramático en sucesivas presentaciones judiciales:

 

... asimismo tengo que demandar mi salario como depositario de trece mil pesos el dos por ciento de año y medio que ha corrido a mi cargo y el de dicha mi esposa pues cualquier mayordomo en tales haciendas gana lo menos cuatrocientos y quinientos pesos se salario sin el riesgo de pérdidas como yo lo he tenido por tal depositario = lo otro que también tengo que asimismo que demandar a la hacienda dos mil pesos en plata acuñada que por mi mano debe a los herederos de don Francisco Mora, tratante, que fue por la deuda y empeño que en virtud del poder que me dio mi padre para traer a mis sobrinas de la ciudad de Córdoba huérfanas, hijas legítimas de don Juan de Adaro y doña Francisca de Villafañe mi hermana, en que hice muchos gastos por los litigios que tuve en dicha ciudad de Córdoba y juntamente por traer como en efecto las traje a dichas mis sobrinas con la decencia que pedían sus obligaciones y las entregué en esta hacienda a dicho mi padre su abuelo (...) que para todo esto es necesario que dichos mis hermanos presenten el testamento originalmente y libro de cuentas (el cual es de folio entero con cubiertas de pergamino) de dicho mi padre = (...) porque estoy pobre y no tengo de donde mantener mis obligaciones de mujer e hijos mayormente habiendo ayudado a dichos mis hermanos con mi persona y bienes en sus pleitos que es notorio el que así lo he hecho porque así me lo mandó mi buen padre... [23]

        

El pleito se detiene hacia finales de 1719, quedando constancia que a pesar de las citaciones judiciales, ni Manuel ni Lucas se presentaban ante la justicia de San Fernando. La siguiente presentación es de 1734, en la que Isidro retomó lo que había dejado planteado años atrás, solo que en esta etapa la situación familiar había cambiado mucho. En efecto, Lucas había fallecido en 1720, Manuel, en 1726; también su sobrino Joseph, en ese lapso, sin dejar herederos; Isidro quedaba finalmente como único miembro varón de la generación de los hijos de Baltasar de Villafañe y desde este lugar, no dudó en enfrentarse con sus sobrinos por lo que habría de ser su "última pelea": la posesión integral de la hacienda de Chumbicha.

 

         Los expedientes que conforman el cuerpo de este pleito familiar ponen en evidencia la clara decisión de Isidro de abandonar el rol secundario que siempre había llevado para ocupar el de "cabeza de familia", imponiendo su autoridad y ejerciendo su representación sobre sus sobrinos, en particular sobre los hijos de su hermano mayor. La tensión se manifiesta en un punto de inflexión análogo al que afectara a la generación anterior; es decir, en el punto crítico de cruce entre la jerarquía de la línea de primogenitura y el orden de prelación generacional, de sentido horizontal. Así, Isidro, el único hermano vivo de la cuarta generación se enfrentó judicialmente con el primogénito de su hermano mayor -Luis de Villafañe y Tejeda- para disputarle no solo el espacio de cabeza de familia sino la administración y luego, la propiedad de la hacienda familiar. Sus argumentaciones se basaban en que no se podía proceder a dividir la hacienda en tanto él estuviese vivo; también dedicó parte de sus argumentos para descalificar los derechos de las hijas mestizas de su hermano Lucas, que además  eran naturales. En su testamento, Lucas las había reconocido como tales y disponía que recibieran sus hijuelas de sus bienes en Chumbicha. Su primo Luis de Villafañe tomó el caso como defensor de las muchachas, menores de edad, pero no consiguió que se les reconociera derecho alguno a su padre. Además, Isidro utilizó un sinfin de argucias para demostrar que las erogaciones, deudas de viajes, fianzas y trámites que había realizado durante quince años para sostener los problemas de su familia de orientación, lo habían dejado prácticamente en la ruina y sin posibilidades de sostener a sus propios hijos. Estas crecidas deudas eran las que justificaban, desde su posición, que toda la hacienda debía quedar en su poder.

 

         En 1734 afirmaba ... que estando como estoy pobre ... es notorio que apenas puedo mantener mis obligaciones retirado en dicha hacienda de Chumbicha que ya por no tener decencia para más, por haber gastado mi juventud en ayuda y defensa de mis hermanos por sus contratiempos... por ser justo el pagar las deudas y mas que me hallo con edad muy crecida y no puedo enfiarme de mis herederos supuesto Dios Nuestro Señor me ha dado vida para no dejar atrás semejante cuidado por negligencia que si mi padre hubiese sobrevivido estuviera ya libre de él por ser dicho empeño suyo y no mío... y supuesto los hijos y herederos del Maestre de Campo  don Manuel de Villafañe mi hermano se hallan con bastante conveniencia solamente de las cosechas de ocho nueve años que han gozado de la parte de viña que a su padre cupo en dicha hacienda si no es también por los aprovechamientos que han tenido y tienen de los bienes que en la ciudad de La Rioja quedaron por fin y muerte de dicho mi padre que hasta hoy se hallan indivisos y por partir, que el referido mi hermano con el poderío que tuvo en dicha ciudad y ser el mayor como negarlo todo no dio lugar a partija alguna en ella...[24]. En sus últimos pedidos judiciales antes de morir, Isidro continuaba insistiendo en que debía mantener la hacienda indivisa para sus herederos, como compensación de todos los perjuicios que le había causado la actitud despótica de su hermano mayor. En este sentido, no estaba dispuesto a ceder a las exigencias de sus sobrinos, hijos de éste.

 

         Al igual que en muchos otros casos, estos pleitos no tienen resolución en los expedientes disponibles; hasta la década de 1750 el litigio permanecía abierto cuando varios de los contrincantes ya habían fallecido. Después de la muerte de Isidro de Villafañe y Guzmán, su hijo mayor el sacerdote Miguel de Villafañe continuó el pleito con sus primos y junto con su hermano Baltasar consiguieron quedarse con la hacienda, que pasó indivisa a los hijos de este último. Los herederos de Manuel de Villafañe y Guzmán -entre ellos Luis de Villafañe y Texeda y sus hermanos- compartieron la herencia de la chacra de la Ermita, localizada extramuros de la ciudad, de dimensiones mucho más pequeñas que Chumbicha.

 

         En suma, la experiencia familiar de los Villafañe y Guzmán a lo largo de más de cien años nos muestra que la conservación de la hacienda de Chumbicha como un bien familiar indiviso se logró a través de dos estrategias bien diferenciadas. Por una lado, la venta de las hijuelas permitió a uno de los herederos -en este caso, el primogénito- mantener el control casi completo sobre la propiedad; por otro, un litigio en el que se recurrió a diversas maniobras (lícitas e ilícitas) que acabaron beneficiando al grupo de mayor cohesión.  Este aspecto no es de menor importancia, puesto que los dos hijos de Isidro, uno de ellos sacerdote, actuaron siempre de manera coordinada como un sólido bloque sin fisuras. Del otro lado estaban los cuatro hijos de Manuel -uno de ellos medio hermano del resto-, el hijo de Santos (que falleció sin herederos) y las dos hijas mestizas de Lucas; un grupo mucho más complejo, con intereses no siempre coincidentes y derechos desiguales entre sí. La lectura de la compleja causa por la herencia de los bienes en esta familia deja entrever que las leyes en materia de herencia no eran de fácil ni simple aplicación y que por el contrario, las mismas podían ser interpretadas de diversas maneras según los intereses en juego. La norma de la distribución igualitaria del patrimonio familiar fue transgredida en este caso a través de distinto tipo de prácticas que entorpecieron o dilataron el desarrollo de la causa; los hijos de Isidro supieron qué recursos interponer a sabiendas de que el paso del tiempo jugaba a su favor ya que ellos estaban en posesión de la hacienda. Sus primos despojados y desgastados por las erogaciones de este pleito, no dudaron en sindicarlos como verdaderos usurpadores; éstos aplicaban la misma calificación a los primos que habían retenido de manera ilegal los bienes de la familia en la jurisdicción de La Rioja.

 

         Las líneas de descendencia que fueron excluidas del beneficio de Chumbicha tuvieron una suerte diversa. No sorprende ya descubrir que fueron los descendientes de Manuel de Villafañe -primogénito de la cuarta generación- los que quedaron mejor posicionados; esto se advierte porque continuaron ocupando oficios en el cabildo y puestos militares, tenían encominedas y las propiedades riojanas, -nuevas obtenidas por merced y otras a través de matrimonio- y esclavos. De todos modos, la quinta generación fue muy prolífica, aún teniendo en cuenta sólo a los descendientes de los once hijos e hijas de Baltasar de Villafañe.

 

         A partir de 1730 en adelante vemos que el apellido Villafañe y Guzmán no se conservó como una unidad de significación o una marca de identidad familiar; por el contrario, los Villafañe incorporaron a su descendencia -tanto masculina como femenina- los apellidos del otro progenitor, obteniéndose formas combinadas. Estos apellidos pertenecen casi todos a la elite local, con diverso grado de prestigio o riqueza como Luna, Sánchez de Loria, Brioso Quijano, Texeda, Dávila, Almonacid, Argañaraz y Murguía, etc. Y en esta familia como en las demás, los matrimonios homogámicos y entre parientes cercanos fueron una tendencia importante. Un caso ejemplar en este sentido fue la unión de Luis de Villafañe y Tejeda con Petronila Dávila Villafañe. Luis era hijo de Manuel de Villafañe y Francisca de Texeda y Guzmán; su mujer, hija de Clara, hermana de su padre y por lo tanto, su prima hermana y consanguínea en segundo grado. El padre de Francisca, a su vez, era hermano de la segunda esposa de su padre, sumando así con ella un parentesco por afinidad también en segundo grado. 

 

         La tendencia a realizar matrimonios entre parientes continuó a lo largo de generaciones contribuyendo a mantener dispersa -y a la vez renovada- la identidad de esta familia entre todos los descendientes de las diferentes ramas (riojana, catamarqueña y tucumana, son las principales) que bajo diferentes combinaciones mantuvieron el apellido Villafañe. La memoria familiar también se conservó, fragmentada y asida a distintos sucesos de los siglos XVII, XVIII y XIX; recuerdos que combinan episodios de las historias políticas provinciales con las historias familiares y que se conservan hasta la actualidad[25]. 

 

 

Bernal, octubre de 2003.

 



§ CONICET/ Universidad Nacional de Quilmes. Universidad de Buenos Aires.

[1] Buscá-Sust, A. 1972. "Villafañe y Guzmán". Boletín del Centro de Estudios Genealógicas de Córdoba. Córdoba. Serrano Redonnet, J.A.  1944. "Introducción al estudio de la casa Villafañe y Guzmán". Revista del Instituto Argentino de Ciencias Genealógicas. Año 2, nº2. Buenos Aires.

[2] Algunos de ellos son: Lozano, P. 1874. Historia de la conquista del Paraguay, el Río de la Plata y el Tucumán. Buenos Aires. Imprenta Popular. Bazán, A.R. 1979. Historia de La Rioja. Bs. Ais. Plus Ultra. Vega Díaz, D. de la. 1944. Toponimia riojana. La Rioja. Bazán Lazcano, M. 1973. "La sociedad riojana en las postrimerías del virreinato". Primer Congreso de Historia Argentina y Regional. Buenos Aires. Academia Nacional de la Historia. Luna, F. 1974. "La Rioja, 1682. Denuncias y propuestas". Revista de Jurisprudencia riojana. La Rioja. Acevedo, E. O. 1968. "La Rioja, hace dos siglos". Investigaciones y ensayos, nº 5. Buenos Aires. Academia Nacional de la Historia. Ortiz Sosa, E. 1998. Los esclavos de la Ranchería de San Nicolás. Córdoba. Colección Memoria. Rubio Durán, F. 1997. Tierra y ocupación en el área Surandina. Las zonas de altura del Tucumán colonial, siglo XVII. Sevilla. Aconcagua Libros.

[3] Esta ponencia condensa tópicos desarrollados en otros trabajos; cfr. Boixadós, R. 1996. "Organización familiar y parentesco: un estudio de caso en La Rioja colonial". Memoria Americana, Cuadernos de Etnohistoria, nº5. ICA. Sección Etnohistoria. FFyL. UBA; 2003 (inédita) "Parentesco e identidad en las familias de la elite riojana colonial". Tesis de Doctorado. Facultad de Filosofía y Letras. UBA.

[4] Archivo General de Indias, (AGI), Charcas 101, nº 18.

[5] Quedan dudas acerca de la presencia efectiva de otro de sus hijos, Domingo de Villafañe y Guzmán, en tierras americanas.

[6] AGI, charcas 102, nº16.

[7] No caben dudas de la estrecha relación que unía a Manuel con el gobernador; cuando éste lo nombró capitán de infantería (1646), destacó que es persona noble principal que ha servido a S.M en la armada real del mar océano y perdida de toda la armada y jornada de Francia que vide y experimenté por ir en la ocasión por capitán; dando buena cuenta de todo lo que se le encargó... Y asimismo fue cabo en la dicha armada de los Guzmanes, llevando sueldo doblado como consta de sus recaudos y después que está en estos reinos, ha continuado en el Real Servicio, ocupado oficios de justicia... Archivo Histórico de Córdoba (AHC), escribanía 2, legajo 4, expediente 17.

 

[8] Fue la encomienda de composición más numerosa de todas las otorgadas en La Rioja; a $50 por familia, tal fue la cotización, Isidro de Villafañe pagó $800 pesos por ellas, una importantísima contribución económica para la campaña a Calchaquí, que por otra evidencia los recursos que Isidro disponía. Estos provenían de la producción de su chacra y viña y la estancia y de los tributos de sus encomendados, especialmente del hilado femenino.

[9] Los Vergara -uno de ellos sacerdote- vendieron después la estancia a Gil Gregorio Bazán de Pedraza, siguiente beneficiario de la encomienda de malfín y andalgalá que allí estaban connaturalizados. Años después de su muerte, los jesuitas la adquirieron. Cfr. Luna, Félix. 1986. "Los jesuitas en La Rioja", Todo es Historia, 229:66-73. Buenos Aires.

[10] Lázaro, el que alcanzó mayor prestigio, fue cura y vicario del Valle de Famatina; Manuel ingresó a la orden jesuita y Gaspar a la dominicana. Como sus hermanos, llevaron el apellido Villafañe y Guzmán.

[11]  AHC,  escribanía 2, legajo 5, expediente 17.

[12] Los méritos personales de Baltasar se encuentran en AHC, escribanía 2, legajo 4, expediente 17.

[13] AHC, escribanía 2, legajo 21, expediente 21.

[14] Fue casado con Petronila de Navarrete y Velasco; se opuso a la vacante de la encomienda de Guasangasta y Vichigasta, pero no la obtuvo.

[15] Entre las varias justificaciones que ofreció al visitador para explicar las denuncias por malos tratos a los indígenas de su encomienda, seleccionamos la siguiente: ...y en lo que toca a los azotes del indio Francisco confieso es verdad que le hice dar cinco o seis azotes por morigerarlo por ocasión que dio bastante para ponerle miedo y que en lo de adelante se enmendase pareciéndome que de otra suerte no tendría miedo a Dios ni enmienda de encontrarse de noche a buscar a las indias recogidas y haberse juntado a este desacato el haber muerto un buey ajeno y teniendo yo por muy acertado darle esta corta corrección que acusarlo a la real justicia // f.665 // por el castigo que merecía y esta atención me obligó a hacerle dar dichos cinco o seis azotes por corrección leve... Boixadós, R. & C. Zanolli. 2003. La visita de Luján de Vargas a las encomiendas de indios de La Rioja y Jujuy. Fuentes y estudios preliminares. Buenos Aires. UNQ.

[16] Cfr. Bascary, A.M. 1997. "La saga de los Villafañe: una red familiar en el Tucumán colonial". Andes. Antropología e Historia, 8:175-197. CEPIHA. Salta. Universidad Nacional de Salta. López de Albornoz, C. 1999. "Negocios familiares: redes mercantiles y redes de parentesco en el Tucumán colonial". Revista del Departamento de Historia, nº7, año 7. Universidad Nacional de Tucumán; 1994. "Arrieros y carreteros tucumanos. Su papel en la articulación regional", Andes .Antropología e Historia,  6:89-122. CEPIHA. Salta. Universidad Nacional de Salta.

[17] Cfr. Boixadós, R. 2001. "Asuntos de familia, cuestiones de poder. La concordia de 1708". Ponencia presentada en el VII Jornadas Interescuelas Departamentos de Historia, Salta.

[18] Cfr. Bazán, 1979 (op.cit); Serrano Redonnet, J. A. La sangre del conquistador Juan Gregorio Bazán. Buenos Aires, Dunken; Serrano Redonnet, 1944 (op.cit) y Boixadós, R. 2003 (op.cit).

[19] AHC, escibanía 2, legajo 5, expediente 17, folio 16.

[20] Uno de ellos fue Bernardo Ruiz de Llanos, esposo de una de sus hermanas (Ignacia) quien siendo cuñado de todos los herederos fue llamado como hermano, muestra del vínculo estrecho y de la confianza que todos tenían en él.

[21] Sin embargo, al asentar el reparto figuraron Manuel, Lucas (por haberlo convenido así con su sobrino), Isidro y por último Joseph (ídem, folio 33v).

[22] Según las propias palabras del interesado, su solicitud se fundo en que en estos tiempos administrando cualquier tercero tales bienes de menores cuando el caso llegue de entregarlos al menor no se halla estaca en pared sino todo pleitos y algarabías (ídem, folio 38)

[23] Idem, folio 43.

 

[24] Idem, folio 70.

[25] Villafañe, Gloria de, 2002. "Severa Villafañe, ¿víctima o amante de Facundo?". Todo es Historia, año XXXV, nº423. Buenos Aires.

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ALONSO de RIBERA, "EL OTRO"

Por don Narciso Binayán Carmona.

II Jornada Histórico-Genealógica del Tucumán y Cuyo

Ciudad de Todos los Santos de la Nueva Rioja 24 y 25 de octubre de 2003

 

 

Era este gran capitán, grande en todo, en su sangre, en su valentía, en su nombre adquirido con tan grandes hazañas en las guerras de Burgos, antes de pasar a las de Chile y en la buena traza y disposición de su acertado gobierno. Dejo un hijo, que es el capitán don Jorge de Ribera, caballero del hábito de Santiago, heredero, no de sus haciendas (porque el cuidado y aplicación que tuvo siempre al servicio del Rey no le dio lugar a sus particulares medras e intereses) sino de sus grandes méritos[1]

 

            Cuando Alonso de Ribera fue nombrado en 1599 gobernador de Chile tenía tras de sí una carrera impresionante. Había estudiado matemática (Porqué Asia como un predicador no lo puede ser consumado sir ser teólogo, tampoco un soldado puede ser perfecto sin ser matemático, dijo él mismo) y comenzado su carrera militar en Flandes donde se destaco en la toma de Maastricht y en el asalto e Amberes para ser después ya con e l grado de alférez- participante en el desastre de la Armada Invencible y luego brillante en la segunda guerra de Francia contra Enrique IV. Fue herido en el asalto de Capelle y nuevamente en Amiens y se singularizo por su valor en la toma de Gorbeil donde entregó la bandera de su compañía a otro alférez porque estaba deseosísimo de combatir ...y fue el primero que escaló los muros de la ciudad sitiada siéndole perdonada su falta por el primero que escaló los muros de la ciudad sitiada siéndole perdonada su falta por Alejandro Farnesio, el general en jefe, porque pecaba de sobradamente valeroso

 

            También en Doullens se señaló porque con otro oficial el capitán Mendoza-se nego a retirarse, aprovechándose su indisciplina y valor, para tender una exitosa emboscada a los franceses que con el cansancio y el miedo caían de los caballos

 

            Fue así como su nombre llegó a Felipe III cuando pidió al consejo de Indias que le recomendara un candidato para gobernador de Chile en plena rebelión mapuche el titutar, Martín García Oñez de Loyola, sobrino de San Ignacio, había muerto en la batalla de Curalaba Jamás el rey había enviado sus lejanas posesiones de América un soldado que poseyera antecedentes militares más distinguidos y más comprobados

 

            Alonso de Ribera fue dos veces gobernador de Chile (1601-1605 y 1612-1617) y y una del Tucumán (1605-1612), y aunque su gestión fue exitosa quedó recordada en la otra banda de la cordillera por el fracasado proyecto del Padre Luis de Valdivia S.J: de guerra defensiva con los mapuches. No por muy conocido el parecer contrario de Ribera deja de ser útil el recordarlo como en lo que barros Arana llama su testamento de Soldado. (carta a Felipe III de 1 de mayo de 1617) Por ello las obligaciones que me corren de cristiano y leal vasallo de V.M. y por el descargo de mi conciencia, digo que lo que conviene es que V.M. concluya con esta guerra mandando que se prosiga y acabe de una vez, porque todo lo demás es engaño, y no se ha de sacar otro fruto que gastar hacienda, gente y tiempo... No conviene sino que se haga guerra ofensiva[2]

 

            Con este personaje que une la historia militar de España en Europa y en América llegó a nuestra región del sur una gran familia andaluza del reino de Jaén. López de Haro escribe: Uno de los nobilísimos, y antiguos y calificados linajes que hallo en estos Reinos es el de Ribera, que por su mucha antigüedad y nobleza honró este Católico Principe con el título benemérito de conde de los Molares a don Preafán de Ribera, adelantado mayor de Andalucía.[3]

 

            Por su parte, Argote de Molina, citando a Pérez del Pulgar, escribe que preafán el primero, bisabuelo del conde, adelantado mayor de Andalucía y capitán generad de la frontera del reino de Jaén y justicia mayor de la ciudad de Úbeda fueUn bueno y honrado caballero, alto de cuerpo, apersonado de buen