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EL SOL DEL TUCUMAN, SAN FRANCISCO SOLANO

La acción del gran misionero y taumaturgo caló tan hondo en la civilización del Tucumán, que bajo ciertos aspectos puede merecidamente ser considerado un forjador de la naciente Argentina.

 

EL  SOL  DEL   TUCUMAN:  

                 S A N   F R A N C I S C O   S O L A N O

                                                           Ponencia

UN DIA DEL AÑO 1593

El Gobernador del Tucumán Gral. Juan Ramírez de Velasco, visitaba la ciudad de Ibatín; había fiesta y lidia de toros.  Ocurrió que,  entre otros, había un toro bravísimo que hizo algunos desmanes, y  dando saltos furiosos,  se disparó.  Por la misma calle venía avanzando un fraile franciscano, tranquilo, despacioso, y cuando vio al toro ir derecho hacia él,  no se alborotó,  dice el testigo.  El Gobernador, afligido, hizo señas para que lo auxiliaran, pero, ya no se podía hacer nada. El Padre tomó el cordón que ataba  su cintura;  el animal parecía que iba a levantarlo por los aires;  sorprendentemente, lo olfateó y siguió calle arriba saltando y bufando. Llegó hasta una acequia donde estaban lavando unas mulas; mató cinco.

Ramírez de Velasco se le acercó al fraile:

-!¿Ansí nos amansa, Padre, los toros?! le dijo, con simpatía y admiración.

-Doy gracias a mi Dios  - respondió este ¡Que el toro me miró con malos ojos!  ¡que los tenía muy encarnizados!  Y me pesa en el alma que no me hallé con Domingo  de Arquinao, que yo le requiriera que no le hiciese (el toro) el daño que le hizo a sus mulas

(¡El  Padre no había visto lo que pasó en la acequia!)

Puestos a conversar, inquirió el Gobernador de dónde venía; respondió el Padre que de las rancherías, pues un indio lo buscó para que le ayudara a amortajar a su hijo que acababa de morir.  Le contó que cuando llegaron, el muchacho estaba sentado, calentándose en la lumbre, bueno y sano, para asombro de sus padres.

 

Fray Francisco Solano pues de él se trataba-

devolvió la vida al  indiecito con sus oraciones y ruegos, por caridad con los doloridos padres;

dominó un animal furioso que seguramente le hubiese matado; sin haberlas visto sabía que había mulas en la acequia,  lo que pasó con ellas, quien era su dueño y lamentó no haberlo podido prevenir para evitar el daño!

Vale decir:  el Padre tenía el don de resucitar muertos,  el don de profecía, el don de la visión de hechos pasados.

 

LOS OBSEQUIOS DEL REY

El monarca mas poderoso de la tierra, el Rey Cristiano Felipe II,  había favorecido a la Provincia del Tucumán  - señalan varios autores-  con tres finas atenciones en el orden religioso, que repercutieron en el lo temporal:

-En 1570 solicitó al Papa, San Pío V, la erección de la Diócesis del Tucumán, que se concretó, con cede en Santiago del Estero.

-Envió a esta Provincia una de las dos réplicas milagrosas del Santo Sudario de Nuestro Señor Jesucristo, lienzo en el  que está grabado todo Su cuerpo muerto, de espaldas y de frente; esta reliquia es venerada en la Iglesia de Santo Domingo, de Santiago del Estero.

-Firmó la autorización para ir a misionar en el Tucumán y costeó el viaje del Padre Francisco Solano y demás misioneros que venían al nuevo mundo.

La acción de este sacerdote, fue  marcante  en esta parte de América.

 

UN EJEMPLO SIMPLE Y OTRO GRANDIOSO

La ciudad donde el Santo trabajó tanto, Santiago del Estero,  usa  el violín en su folclore;  esto es a todas luces, herencia de San Francisco Solano,  que tocaba  un instrumento bicorde,  de donde  por ser él un hombre lleno de la Gracia de Dios, sacaba notas maravillosas;  ¡y hasta de una  cuerda atada a una madera...!

Otro ejemplo,  - y este es grandioso- es que tengamos en nuestro noroeste  manifestaciones de catolicidad como el Tinkunaco; es una tradición llena de significación, con fuerte contenido histórico; es multitudinaria e inamovible para los riojanos.  En el correr de cuatrocientos diez años  habrá ido variando algunas formas, incorporando elementos,  modificando  detalles, pero lo real y esencial es que el Tinkunaco conmemora el milagro de la conversión de una multitud de indios de guerra, liderados por cuarenta y cinco caciques, listos para arrasar la ciudad de Todos los Santos de la Nueva  Rioja. 

Era un jueves santo, en el lugar que hoy llamamos Las Padercitas,  puerta del agua que baja a la ciudad, donde los indios ya  habían cortado el paso de este elemento vital para los pobladores.

La aflicción era grande y los españoles muy pocos; habían tomado previsiones, pero si los indios atacaban, por ser muchos y bravos, sería el fin. 

El Padre Francisco fue allí,  levantó la Cruz y  les habló, mas los testigos no pueden decir en que idioma lo hizo, pues habiendo tal junta de dialectos diferentes, indios y españoles le entendieron, y vieron que el Padre tenía el don de lenguas!  Se hizo la paz.  Se salvó la ciudad.  Y algo esencial: cambió el corazón de tanta gente que sufría dependencia total de dioses paganos terribles, y de brujos que los inducían a ritos y costumbres macabras y torpes.  Ellos, milagrosamente aceptaron la Fe y la Civilización Cristiana.  Se convirtió una parte considerable de la nación diaguita, y esto cambió su destino.

 

EL TESTIGO DECLARA

El Cura Vicario de La Rioja, Manuel Núñez Magro de Almeida, en su declaración en el año 1610,  para el proceso de canonización del Santo, dijo: ...y este testigo fue al dicho Padre fray Francisco Solano y le preguntó qué haría en aquél conflicto.  -Vaya vuesa merced, no tema; hagamos la procesión.  Le respondió.  Y el dicho Padre... andaba con tanta alegría y devoción como sargento del cielo entre los indios...,  toda la noche sin descansar, predicándoles y enseñándoles.   Detúvoles  en aquella ciudad hasta que estuvieron aptos para ser cristianos todos, que fueron número de nueve mil.

Este hecho redobló la notoriedad del Santo, como ya le llamaban, y las mentas del milagro corrieron por todo el Tucumán y el resto de América. 

 

SU CUNA  Y  SU  AMBITO

Francisco  era el tercer hijo de Mateo Sánchez Solano, que fuera dos veces alcalde de su ciudad,  y de  Ana Jiménez, llamada la hidalga.  La señora ciertamente  reunía condiciones para tal nombre: nobleza de sangre, nobleza en la elevación de sus maneras, nobleza de alma por sus virtudes. Y tal madre formó a tal hijo!   Antes de nacer lo consagró a San Francisco de Asís, cuyo nombre le impuso. Fue bautizado en marzo de 1549.

Era  gente principal que residía en Montilla  -Andalucía, España- .

Estudió en el colegio de los Jesuitas. Pero,  se sentía  atraído por la santidad de los franciscanos de entonces, especialmente de San Pedro de Alcántara, que brillaba en la España del Rey Católico, cuando éste hizo renacer el espíritu religioso rescatando su reino de la Europa renacentista, en una época de apostasía.

Francisco Solano a los veinte años tomó el hábito franciscano. Sentía especial admiración por San Buenaventura, el franciscano que explicitó admirablemente los absolutos del bonun,  berum y pulcrum, el bien, la verdad y la belleza, lo que él asimiló a la perfección.

Tuvo la doctrina del venerable maestro Juan de Avila, radicado en sus últimos años en esa ciudad.   Este santo fue el que animó a  Santa Teresa,  a San Ignacio de Loyola y a San Pedro de Alcántara, el que cimentó la conversión de San Juan de Dios y San Francisco de Borja.  No sería aventurado decir opina Luis Plandolit- que Montilla haya sido un centro de resurgimiento espiritual hispánico

El joven Francisco, con el alma henchida por aquellos ejemplos, se compenetró de este espíritu, y lo vivió.

Tampoco sería aventurado afirmar que Francisco haya sido suscitado por Dios para ayudar en la contra reforma española.

 

SU PERSONA Y SU PERSONALIDAD

Era contemplativo y retirado,  tenía una sensibilidad exquisita y un alma profundamente estética;  tremendamente sincero,  recto,  humilde y caritativo. Muy observador; sus ojos oscuros y magnéticos tenían mirada honda y escrutadora.

Ponía gran intensidad en sus acciones.

La nota que siempre dio fue la alegría, en la seriedad; comunicaba su gozo por las cosas santas, la alegría de estar sirviendo a Dios, el entusiasmo en su incesante apostolado, la alegría de estar luchando.   El dio ejemplo de esto.

Reunía todas sus fuerzas en un solo haz: Dios.

Purificaba su alma de todas las escorias con  mortificación y sufrimiento. Así se entiende que entre su minúsculo bagaje nunca faltaban el violín y un cilicio de áspera soga.

Era persona de buen porte, de agradable conversación, bella voz y sentido musical; esto le dio esplendor a su apostolado.

 

SU  VIOLIN

Solía llevar siempre consigo una especie de violín, bicorde, que usaba para dos cosas que fueron características en su vida: - Una era para dar gloria a Dios.Cuando su alma rebosaba de alegría en Dios, tocaba, cantaba y danzaba, delante del Santísimo Sacramento o de una imagen de la Virgen, con movimientos rítmicos de gran candidez, de gran elevación, de gran pureza; así como los sentimientos pueden expresarse por el ritmo de la música, pueden también expresarse por el cuerpo, explica  el Dr. Correa de Oliveira comentando estos hechos.

- La otra era para el apostolado. Cuentan sus biógrafos que en Montilla salía por las calles tocando músicas religiosas populares, los niños lo rodeaban y lo seguían, entonces les enseñaba la religión; los mayores se acercaban a ver qué pasaba, y les daba la clase a los mayores.

 

SU   LUCHA  Y  SU  VIRTUD

Alejar las almas del pecado y arrimarlas a Dios, era su lucha; que equivalía a trabajo, esfuerzo, dolor, valentía.

Se empeñaba en dar a los  Sagrados Misterios, en todas las ceremonias religiosas, el mayor esplendor; comprendía la belleza superior, el espíritu elevadísimo, la piedad, el pensamiento teológico, todo lo sobrenatural, y por eso exigía el esplendor en la liturgia.

Esto tiene intima relación con el mucho celo que tenía por la sacralidad.

Y esto a su vez tiene que ver con su espíritu jerárquico: en la cúspide de la pirámide está Aquél a quien debemos toda reverencia: Dios,  y el cumplimiento de Su Ley;  luego María Santísima, la jerarquía eclesiástica, sus superiores...

De todas sus virtudes, la única que se empeñaba en hacer notar era la castidad.  Estando entre los nativos, la familiaridad se iba dando en el trato; la gente se le acercaba por que atraía a todos, también a las indias, que Miglioranza describe así: ...curiosas, desgreñadas, parlanchinas y de atuendo sucinto, querían pasar algún rato con el Padre y escuchar el violín (Pag.  93).  Vio en aquello un peligro, y lo cortó de raíz. ...ordenó que desde un trecho de cien pasos a su celdilla no pasase ninguna india ni llegase a hablarle, si no fuese en la Capilla para confesarse... y si alguna pasaba la estaca de señal, la hacía castigar. Así como era celoso de la conversión de los indios, los ayudaba y socorría en todo, defendía sus buenas causas ante los encomenderos, así también era celoso de su propia virtud; aplicaba la enseñanza del Evangelio: Vigilad y orad, San Francisco oraba mucho, ¡ y también vigilaba! (cosa que hoy parece extraña, pero cuán necesaria!).

La castidad,  la sacralidad y el respeto por el órden jerárquico eran tres pilares fundamentales en los que  apoyaba su virtud (como lo hacían todos los santos).

 

SU ESPÍRITU ERA ENORME 

Porque estaba íntimamente unido a Dios y a la Virgen María, de la que era devotísimo. Tal era su santidad, que lo que pedía le era concedido para  hacer el bien. Así fue como resucitó muertos,  curó dolencias mortales, amansó fieras bravas, hizo surgir fuentes de agua en lugares áridos,  desvió mangas de langostas dañinas y plagas de mosquitos,  paró ríos crecidos, sacó abundancia de peces, cangrejos y mariscos para alimento de mucha gente en momentos difíciles, cruzó un río parado sobre su manto, se entendió con los indios en cada dialecto, por el don de lenguas..! obró conversiones increíbles. 

¡Podríamos ocupar muchas horas contando sus prodigios!

La fuente de inspiración de su magnífica y convincente predicación estaba, según sus propias palabras, en un rinconcito del coro de la Iglesia, frente al Santísimo Sacramento.

 

SU  MERECIDA Y NO DESEADA FAMA

Huyendo de su fama de santidad en Montilla y sus alrededores, se embarcó rumbo al lejano Tucumán, cuando tenía cuarenta años, respondiendo al llamado del Rey Felipe II, que pedía misioneros para el nuevo mundo.  Tal vez allí, por desconocido, pudiera pasar desapercibido, sin alabanzas humanas y  aún merecer con la bendición de Dios, el no menos anhelado martirio...

San Bernardo decía que la gloria es como una sombra: cuando se corre detrás, ella huye; cuando se huye de ella, corre detrás. Esto se aplicaría a San Francisco Solano.

 

RUMBO  AL TUCUMÁN

Se embarcó en  febrero de 1589 en la expedición  en la que también venían cuarenta franciscanos, veinte dominicos, y algunos agustinos, mercedarios y jesuitas con diferentes destinos, y trescientos soldados con rumbo a Chile.

Llegando a Panamá una tempestad tremenda provocó el naufragio. Cincuenta y cinco días de grandes penurias, comiendo moluscos que se llegaban del mar mientras el Padre estaba en oración y penitencias; venid hijos míos para que coman estos pobres que mueren de hambre, les decía mientras los recogía en sus anchas mangas; bendecía raíces y algunos frutos silvestres diciendo hágote pan, y comían sin hacerles mal, pues los había venenosos que provocaron varias muertes los primeros días.  En la Nochebuena anunció el rescate. Y éste llegó. Todos los sobrevivientes tuvieron por cierto que se salvaron por las oraciones y los buenos oficios del Santo.

De Panamá  continuó viaje a pié!   Esto es fácil decirlo, ¡ pero hay que hacerlo!  Imaginemos los caminos de entonces, la topografía de los Andes,  el altiplano subiendo hasta casi lo cinco mil metros, la puna, las selvas, los cerrados montes espinosos, los salitrales...

En un pueblo del Perú, la mujer del Corregidor lo hizo quedar hasta que se repusiera  de su debilidad general, ..tenía aspecto de gran penitente, estaba enfermo del estómago y muy flaco,  declara Doña Mencia de Hurtado.

Siguió hasta Lima, y de allí hacia su destino. En el lago  Titicaca, el mas alto del mundo, se detuvo a venerar a la Mamita de la Candelaria de los Yupanqui, no podía dejar de hacerlo quién amaba tanto a la Virgen y sobre todo cuando ésta Imagen representaba los misterios de la Inmaculada y la Purificación. Era muy famosa en toda la región por Sus milagros y Sus tres apariciones. Parece ser que le cambió el nombre que tenía el lugar: Las Cruces Sagradas, por el de Santuario de Copacabana y la proclamó Arca de Salvación para las gentes del Nuevo Mundo; diz que desde entonces la devoción y empeño de las gentes aumentó.

Mandó hacer un pequeño simulacro ( para usar el término de la época y del testigo), es decir una pequeña réplica de la imagen,  y se la llevó consigo al Tucumán; sin duda contribuyó a la gran devoción  que hay en el noroeste por la Virgen de la Candelaria, que patrocina varios pueblos de cada provincia.

 

LOS  INDIOS

Todo el Tucumán era un abigarrado conglomerado de tribus, naciones, clanes y parcialidades, y una babélica confusión de lenguas. Distancias abrumadoras, asentamientos espaciados, algunos nómades, costumbres paganas...  En Socotonio aprendió el tonocoté en cinco meses, con perfección increíble. Pero todos le entendían, aún en otras lenguas.

Un testigo dice: Fue copiosa y grande la multitud de infieles que redujo a la Santa Iglesia Católica. Llegó a ser tan grande la estimación y opinión que tenían de éste apostólico varón, que lo que el poder humano y justicia no podían con fuerza de armas y gente, el Padre con solo enviarles llamar, a punto le obedecían, y se le venían a él como unos mansos corderos. De lo que se colige - deduce sabiamente el testigo-  que importa mucho mas la santidad y buen ejemplo del ministro del Evangelio entre los indios que muy retóricos sermones de predicadores sin verdadera virtud. Tenía  hambre y sed insaciables de la salud de las almas y de la Gloria  y honra de Cristo Crucificado. Y por ganar un alma se pusiera por punta de lanza, olvidado de sí, de su sustento y de su vida. Dolíase mucho ver tantos indios infieles que como fieras vivían retirados por los montes y desiertos; y con atrevido valor y grandeza de ánimo que Dios le dotó, con peligro de ser hecho pedazos de aquellos bárbaros, se entraba la tierra adentro buscándolos, y con palabras llenas de fuego del Divino Amor, les predicaba la ley evangélica. (declaración de Fray Juan de Castilla- Plandolit, pag. 164)

Yendo por la Provincia de Jauja, se retiró a rezar. Pedía a Dios que convirtiese de veras a estos indios, por haber visto muchos crímenes y excesos que cometían, particularmente su infidelidad de no estar firmes en la Fe. Oyó una voz del cielo que le dijo: Hombrecillo, ¿qué te importa a ti esto? Yo ya he hecho de mi parte mandarles predicar la Fe, y si ellos no acuden, es por su culpa. (Plandolit,  pag. 147)

 

UNA  FECHA  HISTORICA

La comitiva misionera había llegado a Santiago del Estero, cabeza del Tucumán y Madre de ciudades, en noviembre de 1590.

Dice el biógrafo Santa Clara: Esa fecha en la que el Tucumán mereció recibir en su seno tan esclarecidos apóstoles y hasta un santo auténtico, destinado por Dios a santificar con su labor evangelizadora aquella bastísima y aún inculta región, debe ser considerada como la efeméride mas gloriosa en los fastos de la historia del Tucumán, y digna de ser celebrada anualmente con júbilo y entusiasmo. (Miglioranza, pag. 78)

Trece años estuvo San Francisco Solano en esta región, empleando todos los recursos para apaciguar a blancos e indios, resolver conflictos, arrimar a unos y otros para la religión. Era veneradísimo por todos.

Dice el Dr. Plinio Correa de Oliveira en una conferencia sobre el santo (1974): Esos son hombres que fundan naciones. Así nace una nación. Este fue el punto de partida.  ¿Cómo está siendo el punto de llegada?

 

LIMA,  LA  CIUDAD  DE  LOS SANTOS

Allí fue el Padre Francisco;  allí pasó sus últimos años.

Es un hecho misterioso en la historia americana la coexistencia de una cantidad de santos que abonaron con su ejemplo y su prédica esa ciudad:

Santo Toribio de Mogrobejo estuvo veinticuatro años organizando esta Diócesis, y llegó a ser Arzobispo. San Luis Beltrán, Santa Mariana de Jesús Torres, San Martín de Porres, San Juan Macías, Santa Rosa de Lima... Era conocida la santidad de los 180 frailes que llegaron a estar en el convento de los franciscanos!

En ese tiempo Lima era conocida como La Ciudad de los Santos Reyes; había una gran iglesia donde se veneraba a los Reyes Magos, tal vez allí San Francisco Solano habrá cultivado la gran devoción que tenía por  ellos, e incentivado su sentido de lo maravilloso  en la representación del pesebre y la adoración al Niño Dios. Devoción muy franciscana (lo que se trasladó también a La Rioja, recientemente declarada La capital del Pesebre).

En Lima, como en Tucumán, ocupó los cargos de Custodio y  Guardián de la orden.

Hizo predicciones, como en Esteco y Trujillo, en éstas se cumplieron: Esteco desapareció y Trujillo fue sacudida por un terrible terremoto,  pero en Lima el arrepentimiento y la penitencia de los pobladores por la convincente predicación del Santo, detuvo la ira de Dios.

 

SU  MUERTE

Un 14 de julio de 1610, el Padre Francisco Solano, estando muy enfermo, entregó su alma al Señor, en el día de la festividad de San Buenaventura,  el santo de su devoción.

Se cuentan infinidad de hechos respecto a su muerte. Una de ellas es esta: un fraile, muy impresionado por la restitución del color, la flexibilidad y el buen aspecto del cuerpo a partir del deceso, a cada persona que entraba le mostraba el prodigio, levantándole un pié y dejándoselo caer; hasta que, en una de esas, San Francisco encogió su pierna, impidiéndoselo, para mayor asombro del Fraile, y una lección de respeto y circunspección.

 

LAS  RELIQUIAS

En Lima está su Crucifijo, su violín, su rosario, parte de su ropa y sus restos.

A esa preciosa Ciudad Blanca a la que todos acudimos a buscar rastros de nuestro pasado hispánico fundacional, que es Sucre, el Santo la dejó bien custodiada en sus cuatro puntos cardinales con Cruces bien plantadas; Nos consta que todavía está la llamada Cruz de Popayán, muy venerada y bien cuidada; de las otras tres no tenemos noticias.

En el Tucumán, Santiago del Estero conserva el cordón de su hábito, con el que hizo tantos milagros, el pedazo de madera que estiró con la mano para que pudiera apoyarse sobre una vara, la casulla que usaba para la Santa Misa. Tucumán también conserva una Casulla.  La Rioja un naranjo que él plantó, ya seco por cierto,  otros dicen que es un retoño... Lo cierto es que hay un recuerdo imborrable y un amor entrañable a este santo que tanto contribuyó en la formación de la esencia de nuestra nación. Esto está implícito en el hecho de que San Francisco Solano sea oficialmente el Patrono de nuestro folclore; y se le cantan cosas como ésta: Padrecito Santo, Francisco Solano, acuérdate de nosotros, los indios del llano.

 

SOL DEL TUCUMAN

Solano es casa nobilísima de la Sierra de la Solana, originarios de Navarra.

Sus armas son:

Un sol de oro sobre campo azur,

ocho cabezas de sierpes por orla, una descansando sobre la media luna, y otra a la par arrojando espeso humo al sol potente y luminoso.

 

Es como si el escudo de los Solano hubiese sido pensado a propósito de nuestro santo.

El campo azul, color del cielo que él tanto añoró, deseó y habita; el cielo que predicó, y que hizo posible de alcanzar para cada alma que iluminó con la Fe.

Azul es el color del manto de la Virgen que tanto amó.

Es el color de los cielos del Tucumán, vivo, limpio, donde en cada alba nace la luz dorada del sol, que entibia el aire de las quebradas, que hace crecer nuestras viñas, que hace perfumar los azares penetrando suave, en el alma.

El sol potente que abraza y abarca todo! Firme!

San Francisco era ese sol:

-         De la oscuridad del paganismo, hacía aparecer la luz de la Fe en Jesucristo.

-         De la aridez del pecado, hacía crecer fecundos  brotes de esperanza.

-         De las asperezas mas duras, hacía exalar perfumes alegres de vida buena.

Este  Sol despierta  a la serpiente, la inquieta y enfurece, porque la deja inerte, sin nada poder hacer ante su impetuoso amor al Bien, la Verdad y la Belleza, absolutos de Dios que sembrara abundantemente, donde quiera que estuviese.

 

Este Sol brilló en nuestro Tucumán.  En nuestra América.

Demos gracias a Dios.

 

                Elena Beatriz Brizuela y Doria de Mesquita

                        II Jornada Histórico-Genealógica

                               del Tucumán y Cuyo

                     Sañogasta (La Rioja), octubre de 2003

 

 

Bibliografía:

-Luis J. Plandolit, El Apóstol de América, San Francisco Solano  Madrid, 1962

-Pbro. Juan Carlos Vera Vallejo, San Francisco Solano en la evangelización del Tucumán, Revista de la Junta de Historia y Letras de L. R. 1945

-Contardo Miglioranza,  San Francisco Solano, el Apóstol de América  Misiones Franciscanas Conventuales,  Bs. As. 1984

-Julián Cáceres Freire, El Encuentro o Tincunaco.

-Monseñor Caggiano, La figura de S. Frco. Solano y su actuación en el Tucumán, según el proceso de beatificación...., conservados en los archivos Vaticanos... Boletín de la Academia N. de la Historia, T. XXIV, Bs. As. 1950                        /51

-Plinio Correa de Oliveira, Conferencia sobre San Francisco Solano, San Pablo, Brasil, 1974

-Padre Nicolás Pugliese, Museo Inca Huasi, Casa del Inca,  Editorial Canguro, La Rioja 1994

-Juan Aurelio Ortiz, Tinkunaco Riojano Ed. Tiempo latinoamericano,  Cba. 1987

-Edith Manera, Breve diccionario semántico  quichua-castellano, Carlos Paz, Cba. 1993

-Miguel Angel Peralta, Aportes para una historia de la Iglesia en La Rioja tomo I,  Ed. Pandemia, L. R. 2000

-J. Z. Agüero Vera, Divinidades diaguitas Ed. Canguro, L. R.  1993