La Gran Entrada
Historias de Vichigasta
Home
Isabel la Católica, pilar de la Cristiandad iberoamericana
Vichigasta, la de antaño
Historias y tradiciones de la Civilización Cristiana
I Jornada Histórico-Genealógica del Tucumán y Cuyo
Historias de la Argentina Auténtica
Editoriales de la página principal
Pág. 2 de Ponencias II Jornada
San Francisco Solano
Noticias
Tradiciones hispánicas en La Rioja
Ponencias II Jornada
Correos
Envíe su mensaje
El Devisadero
Luces del Tucumán
Nobleza y Elites tradicionales análogas
Mayorazgo de San Sebastián de Sañogasta

Vichigasta, la de antaño...
antiguo y tradicional pueblo del Valle de Famatina,
poco se ha escrito sobre él. Presentamos unas notas de Elena Brizuela y Doria para nuestros amigos vichigasteños que lo solicitaron, y para todos los interesados en conocer más sobre esta interesante localidad

                          
 
 VICHIGASTA,  LA  DE  ANTAÑO  
        (ALGUNAS NOTAS PARA SU HISTORIA)
            Por Betty Brizuela y Doria de Mesquita
                                                                                     Junio de 2004
 
EL  NOMBRE
El sonoro nombre de este pueblo, tiene origen quichua, el idioma de los incas. La "Toponimia riojana" de Dardo de la Vega, dice que según el investigador Lafone Quevedo, "Vichi" significa "acueducto", o "noria"; según el autor del libro significaría "subida".  "Gasta" quiere decir "pueblo", por lo tanto, según Lafone: "pueblo del acueducto, o de la noria" y según Dardo de la Vega: "pueblo de la subida", que él cree debe ser por la topografía montañosa.
El mismo autor escribe "Bichigasta" ( con "B" larga), y dice que así lo encuentra en antiguos documentos.
Curiosamente, los habitantes nativos de toda esta zona eran de raza diaguita, y su idioma era el "cacán", ¿porqué los nombres de los pueblos son quichuas?.
 
ORIGEN,    COSTUMBRES  Y  CREENCIAS
Los pueblos diaguitas parece ser que vinieron del norte, desplazándose hacia el sur, y se asentaron en el noroeste de lo que hoy es el territorio argentino.
Se caracterizaron por ser agroalfareros: hacían cultivos con técnicas rudimentarias,  pues no conocían el hierro para fabricar herramientas firmes, tampoco tenían caballos, ni otros animales de tiro.
Eran muy buenos para manufacturar cerámica de barro y hacer vistosos adornos de oro. 
Sus creencias religiosas paganas hacían de ellos personas supersticiosas, los brujos los dominaban con supercherías, mitos y divinidades terribles, a las que debían rendir culto con ofrendas que llegaban a ser crueles, como sacrificios de niños, para aplacar su ira; ejemplo de ello era el dios Chiqui, que según creían, tenían que hacer  fiestas debajo de un gran algarrobo adornándolo con muñecos de masa de patay; también asaban carne de guanaco y bebían abundantemente, motivo de refriegas y otros excesos.
Los indios no conocían la escritura; por eso, solamente dejaron como testimonio algunos signos y dibujos en las rocas, llamados petroglifos. Es una lástima porque de ellos podemos saber únicamente lo que escribieron los cronistas españoles y lo que pueden interpretar los arqueólogos.
 
LLEGARON   LOS  INCAS
Por los años 1480  los diaguitas fueron sorprendidos por otro pueblo que  venía del Perú : los incas.  Estos eran numerosos, fuertes y tenían adelantos superiores. 
Sometieron a los diaguitas.
El famoso "Camino del Inca" fue la ruta que ellos abrieron, siempre por zonas donde abundaban los metales ricos y las buenas tierras.
Los tambos o tamberías eran los lugares de descanso, almacenamiento y reabastecimiento.
Sobre la misma ruta construyeron también los "pucaraes", que eran fortalezas en lugares estratégicos, para controlar el comportamiento político de los  diaguitas y asegurar su dominación.
Los incas trajeron gente de trabajo de raza aymara, también dominados, a quienes llamaban "mitimaes", y les daban tratamiento de esclavos.
Como todos los pueblos nativos de América, tampoco conocían la escritura, ni el hierro, ni la rueda, ni los animales de tiro o carga, por lo tanto no tenían medios de transporte, salvo la llama, animal que puede soportar muy poco peso y fue mas apreciada por su carne y su lana.
Al dominar los incas a los diaguitas, les exigieron un tributo que pagaban en oro puesto en el Perú; demoraban meses en transportar el metal precioso a pié, sobre pesadas angarillas que levantaban entre veinte hombres; caravanas enormes de gente caminaban los miles de kilómetros que los separaban del Perú, con la preciosa carga destinada al Inca, sin ninguna paga...
El conocido escritor Aníbal Montes transcribe el siguiente documento, de una Información que hizo Ramírez de Velasco en 1587-89: "...estos Ingas enviaban una parte del tributo...en noventa andas, que llaman acá anganillas, y cada anganilla llevaban en hombros veinte o treinta indios y para remuda y su guarda llevaban cuatro veces tantos indios". El oro lo llevaban en tejuelos con la marca del Inca, cada uno de ellos pesaba 62 pesos de oro. Iban marchando con su carga "por el camino real del Inga".  Cuatro turnos de 25 portadores x 90 andas equivale a 9.000 indios. Si tenemos en cuenta que la población indígena de la provincia de La Rioja se estima en unos 20 ó 30.000 indios, podemos medir la magnitud de este traslado, que cada año dejaba semi despoblada una región.
 
LA LENGUA
Encontramos aquí la respuesta a nuestra pregunta inicial: al dominar los incas a los diaguitas, impusieron su idioma, y el cacán fue desapareciendo paulatinamente; por eso la mayoría de los nombres indios de nuestros pueblos son quichuas, igual que la cantidad de palabras de origen aborigen que usamos en la actualidad.
Hubo durante la evangelización española un sacerdote de apellido Barzana, que intentó rescatar la lengua cacana; para predicarles el Evangelio en el idioma de los naturales y comunicarse con ellos, perpetuarlo y facilitar el habla diaguita confeccionó una gramática cacana, de la que existían al menos cinco ejemplares; lamentablemente desaparecieron en tiempos modernos, siendo una pérdida irreparable. Sólo conocemos pocas palabras, como: "chañar", "jote", "pomán" y algunas otras.
En cambio perdura el lenguaje quichua de los incas;  algunos ejemplos son:  yaco (agua), chacra, chango, charqui, chucho, huayco, chuscha, guacho, mote, pirca, puna, tambo, huasi (casa),  saño (barro o arcilla), gasta (pueblo), gualicho, guantana (liga para atar), puca (colorado), tacú (algarrobo), noque (lagar de cuero), ojota, pampa, pizca, porongo, pucará, tuna, patay, paica (horcón), canana, cuncuna, chiñi, chasqui, shuningo, muyuna, tinkunaco, etc.  Muchísimos nombres de árboles,  arbustos y yuyos como: cachiyuyo, muña, jarilla, molle, jume, loconte, tusca, quillay, totora, chaguar, chamico, tala, etc.  Animales y pájaros: cata, chuña, yuto,  puma, suri, cuchi, champi, vicuña, guanaco, etc. Usamos corrientemente términos del idioma español  "indianizados": de Sebastián: Sheba, de Segundo: Shego, de Salomé: Shalo, de semita: shema, de ahí cerca: aishito, de allá: allú, etc. Existen también palabras combinadas, por ejemplo: Burriyaco, nombre de un lugar de Vichigasta: burro es nombre español, yaco es nombre quichua, significa: agua del burro.
 
LA  CONQUISTA  ESPAÑOLA
A partir del descubrimiento que hizo Cristóbal Colón de estas tierras  que llamamos América, en 1492, tomaron posesión de ellas el Rey de España y sus súbditos. También los nativos pasaron a ser súbditos, o vasallos del Rey.
Dicen los investigadores serios de la historia, como el Padre Cayetano Bruno, que los españoles y los demás pueblos asiático-europeos, vivían con un adelanto cultural, científico y técnico equivalente a más de tres mil años con respecto a los habitantes nativos de América y practicaban la religión Católica, regida por el amor del Dios verdadero que impone una ley de orden: los diez mandamientos, para regir la sociedad.
Ciertamente existía una diferencia grande entre unos y otros, en costumbres, lenguaje, creencias, modales, alimentación, vivienda, mobiliario, vestimenta, hábitos de trabajo, etc.
Los españoles sorprendieron a diaguitas, incas, aymaras y demás parcialidades nativas con la escritura, con la rueda, con carretas y arados tirados por bueyes, caballos, burros y mulares; con otros animales que también  trajeron, que proporcionan alimentos y elementos útiles: vacas, cerdos, cabras, ovejas, gallinas, pavos, patos, etc.; con árboles frutales, verduras y granos variados; con técnicas diferentes de hilado y tejido de lanas y fibras vegetales; con herramientas de hierro, con bodegas y molinos para la industria, la elaboración de vino y harina y el pan de trigo...
A la llegada de los españoles, un pueblo más fuerte que ellos,  los incas se replegaron hacia sus territorios originales, en el Perú.
Fueron muchos los pueblos nativos que apreciaron, aceptaron y ayudaron, y  la nueva civilización contó con los  que la historia llama los "indios amigos".
Otros no.  Y se levantaron en constantes ataques y luchas, como las
largas  y terribles "guerras Calchaquíes".
Pero, eso sí: todos adoptaron rápidamente los adelantos como el uso del caballo, los nuevos alimentos y materiales.  Esta fue una época, como bien expresa el Licenciado Efraín de la Fuente, en que "estos predios fueron ganados para la civilización".
 Comenzaron a surgir las ciudades, la construcción de las iglesias y el adoctrinamiento en la religión católica.  Y para el nativo, el conocimiento de nuevas formas de vida como dormir en camas, comer en mesas, vivir en casas agrupadas con cierta urbanización europea.
El General Juan Ramírez de Velasco, noble español, fundó la ciudad de "Todos los Santos de la Nueva Rioja" en mayo de 1591, del otro lado del gran cordón montañoso que hoy lleva su nombre. Esta fue la primera ciudad más cercana a este pueblo.
 
LOS POBLADORES NATIVOS
Vichigasta ya existía; era un asentamiento disperso de alrededor de cien aborígenes, a juzgar por el empadronamiento hecho por el visitador español Luján de Vargas en 1693.
Vivían del fruto de los extensos algarrobales, la caza del suri, el guanaco y otros animales silvestres, el cultivo del maíz y el zapallo, se vestían con túnicas tejidas de lana de guanaco, vicuña o llama, tenían utensilios de piedra y barro.
Creían  que cuando salían a cosechar la algarroba en los campos,  una diosa llamada Zapan-Zucun, cuidaba de los hijos que dejaban solos durante el día; esta especie de hada  también castigaba a los hacheros del "tacú", o algarrobo, quitándoles un hijo...  que más tarde encontraban muerto, en un lugar lejano. Tenían mitos como el "mikilo", un animalillo horrible, mitad hombre, mitad animal, que asustaba a la siesta sentado sobre la punta de un cardón y  robaba a los niños.
Estas creencias eran torturantes para la mente simple del indio.  Gran alivio habrán tenido al ser adoctrinados, aunque a veces a la fuerza, cuando conocieron el amor de Dios y Su ley que impone orden en la sociedad, la bondad y la protección maternal de la Virgen María, la mediación de los Santos para obtener la Gracia del Creador y el auxilio en sus necesidades.  Abrazaron rápida y firmemente la Fe Católica; tanto, que a pesar de la modernidad y la corrupción generalizada difundida por la televisión y otros medios masivos actuales, aún tenemos un pueblo creyente, devoto y tradicional.
En este pueblo se conjugaron las tres razas: blancos,  cobrizos y negros que trajeron los españoles para el trabajo; aportaron cada una lo más valioso de sí, para ser lo que somos hoy...
 
EL  NUEVO  REGIMEN
La organización de los conquistadores españoles disponía la asignación de "mercedes de tierras" no ocupadas por los nativos, para trabajar y producir, y la creación de "encomiendas", que significaba responsabilizar o "encomendarle" al español que recibía una merced, un grupo de indios, con sus familias y caciques,  que ya no vivirían dispersos, sino alrededor de la iglesia  que los encomenderos tenían obligación de construir, además de correr con los gastos de un sacerdote; generalmente este conglomerado se llamaba "misión",  y dio origen a lo que en los viejos documentos consta como "pueblos de indios".  Al hacerse cargo un español de una encomienda, había una ceremonia propia de la cultura cristiana vigente, ante la autoridad, en la que se comprometía, como que era asunto de conciencia, a adoctrinar en la Fe católica, proteger y enseñar a sus encomendados.
Los naturales adquirirían maneras civilizadas de vivir y trabajar, perfeccionando los aspectos de civilización rudimentarios que ya poseían.
Era respetada y reconocida legalmente la autoridad natural de la parcialidad, el cacique o curaca, y era él el que disponía quienes y cuando trabajarían en la hacienda del encomendero; no debían estar ocupados por el  encomendero  más de 136 días por año, para que les quedara tiempo para cultivar sus propias tierras; esta fue una de las disposiciones de Ramírez de Velasco.
Como vasallos libres del Rey, pagaban un tributo  (hoy diríamos impuesto) igual que los españoles, pero lo hacían con el trabajo asignado en la hacienda.   Hubo también un tiempo en que las ordenanzas fijaban  jornales que el encomendero les tenía que pagar a través del cacique, y los indios tributaban con plata.
Estaban prohibidos los malos tratos y el servicio personal. 
Los encomenderos, para poder producir en sus haciendas, necesitaban la mano de obra del indio. De que esto funcionara, dependía la subsistencia de esa sociedad hispano-indígena naciente. En muchos casos cumplían con sus obligaciones para con ellos, y otras veces no... 
Para controlar el acatamiento de las normas venían los llamados "visitadores", que interrogaban, juzgaban y aplicaban multas y castigos a los españoles que no cumplían;  también examinaban a los caciques, porque ocurría que, a  veces, se quedaban con los jornales ajenos o hacían trabajar a las indias, lo que no estaba permitido.
Cuando el Gral. Juan Ramírez de Velasco fundó La Rioja -año 1591- asignó para sí y su familia las tierras desocupadas y el amparo o "encomienda" de varios pueblos, entre los que se contaban Vichigasta y Sañogasta, pero sus múltiples servicios como Gobernador de todo el Tucumán, en que fundó tres ciudades, no le permitieron tomar posesión.
Había participado en la fundación de La Rioja Don Gonzalo Duarte de Meneses; a él le otorgaron luego una merced en Vichigasta y la encomienda correspondiente.
En el año 1631, al morir Don Gonzalo, heredó su viuda, Doña Teresa de Cepeda; no tuvieron descendencia.
 
CATINZACO
En 1667 se formó otro pueblo en los potreros de Catinzaco, que significa "aguada del acechadero", a cinco leguas al sur de Vichigasta, donde los españoles ubicaron a un grupo de indios antapas rebeldes que trajeron de Fiambalá y Batungasta (Catamarca), cuando sofocaron los levantamientos calchaquíes. Se los encomendaron a Don Juan Gregorio Bazán de Pedraza, que ya tenía la encomienda de Vichigasta. Los primeros caciques  fueron Juan de Aquila y Lucas Aballay, quienes se posesionaron de un cazadero a siete leguas al sur.
Posteriormente, el antapa Salvador Aballay, se casó con una cacica de Vichigasta, convirtiéndose él también en cacique de este pueblo. Ejerciendo este cargo, y como antapa que era, defendió las tierras de Catinzaco ante la Real Audiencia de Charcas, hasta donde "llegó a pié", lo que era habitual en aquella época puesto que no había medios de transporte, salvo el incipiente caballo que introdujeron los españoles.  La Audiencia de Charcas dio la razón a Aballay , que ganó el caso contra un español llamado Felipe de Luna que intentaba lograr para sí esas tierras, propiedad  antapa; entonces Don Salvador a su vez, se creyó con el derecho de adosar las posesiones antapas de Catinzaco, a  Vichigasta.
Gran pleito se armó entre unos y otros, y muy largo.
Corría el año 1732; la autoridad española, Don Luis de Villafañe y Tejeda, mandó a los de Vichigasta que se retiraran de Catinzaco y designó a Don José María Dávila (marido de Doña Petronila de Brizuela y Doria,  "Víncula" titular del Mayorazgo de San Sebastián de Sañogasta) para resolver el asunto;  Dávila hizo una delimitación entre ambos pueblos, y  su mensura. En base a esto
el Gobernador Joaquín de Espinosa y Dávalos dio títulos propios a los caciques antapas de Catinzaco, el 22 de junio de 1760. Estos títulos fueron nuevamente reconocidos en Chilecito el 31 de octubre de 1828, por representantes de Vichigasta, Catinzaco y Potreros de Aicuña.
Podemos deducir que, con este reconocimiento de derechos, se logró la paz  entre estos dos pueblos hermanos, y es eso lo que se festeja en esta fecha, en que Vichigasta celebra su día.
 
VOLVAMOS  A 1669
En este año aparece la merced de Vichigasta como propiedad de Francisco Bazán de Pedraza;  éste toma los hábitos de sacerdote, y lega la propiedad a su hermano Juan Gregorio Bazán de Pedraza, quien ya era encomendero de los Abaucanes en Anguinán y de los Antapas de Catinzaco.
En 1690 la encomienda antapa pertenece a José Bazán de Pedraza, y tres años mas tarde -1693- el titular es Don Francisco de Tejeda y Bazán.
 
INFORMACIÓN DE LA VISITA DEL OIDOR LUJAN DE VARGAS
Es muy interesante leer antiguos documentos de los que podemos tomar datos veraces e importantes para la historia. Veamos una parte de la información hecha en 1693 por el oidor y visitador de encomiendas Don Luján de Vargas.
Este hizo comparecer ante sí al cacique Don Antonio Ancay, a quién llamaban "Don Antón"; es digno hacer notar que a todos los caciques se les daba este tratamiento preferencial de "Don", respetando su jerarquía natural, privilegio muy escaso entre los españoles.
A la vez que al cacique, el "oidor" (juez de alto rango de la Real Audiencia de Charcas, hoy Sucre) tomó declaración a muchos otros indios e indias para hacerles las preguntas por las cuales juzgará el comportamiento del encomendero D. Francisco de Tejeda y Bazán. Todos  declararon que en el pueblo de Vichigasta había capilla, pero sin ornamentos, y el sacerdote venía los días de fiesta, y sí les enseñaban la religión y a rezar. Dijeron que sus tratos eran con el administrador, Hernando de Herrera, quien había llevado un grupo de hombres y mujeres a trabajar a su casa y hacienda, cerca de la ciudad de La Rioja, que algunas mujeres casadas dejaron sus maridos en Vichigasta, y que querían volverse. Que el cacique (Don Antón) les repartía algodón para hilar a las mujeres por "una onza cada día cada una y en otras ocupaciones..., y paguen el tributo de sus maridos";  que  les "ha dado de vestir ongarina y calzones de cordellate...y una camisa de lienzo, y no más...",  a otros "una manta, dos varas de bayeta...".
Dijeron "no haber experimentado malos tratamientos". 
Algunos expresaron no pagar tributo; otros sí, haciéndolo en plata.
Consta que "hizo parecer al curaca (o cacique) del pueblo de Vichigasta para hacer el padrón de los dichos indios...". Sumando los empadronados encontramos una población india de más o menos ciento veinte almas.
El visitador pasa su informe al encomendero, con las culpas de las que se lo responsabiliza, para que éste haga su descargo. Luego, da su sentencia.
Estos son algunos párrafos textuales: "...mando que por ningún pretexto reparta hilado a las indias...., están exentas de toda carga...y no deben pagar por los dichos sus maridos......mando asimismo al dicho encomendero envíe al pueblo de Vichigasta los indios e indias casadas no permitiendo salgan a viajes sin su voluntad y licencia...porque no se ocasionen los inconvenientes de quedar separados del pueblo... Y asimismo le mando que dentro de dos meses hagan ornamento propio para la iglesia... Y mando al cacique de dicho pueblo que (recibirá si no cumple) pena de veinte azotes y cuatro días de cárcel, no reparta a las indias como lo ha hecho... hilados algunos...y así lo proveí, mandé y firmé.  Don Antonio Martínez Luján de Vargas".
En el descargo del administrador se lee que "... el cura doctrinante del valle de Famatina donde está dicho pueblo de Vichigasta tienen el ornamento que dicen "de la doctrina", con lo cual va a los pueblos... lo trae consigo, lo cual ha sido costumbre....por cuya causa no hay ornamento en ningún pueblo... sin embargo hay en la iglesia de Vichigasta, altar y frontal y manteles y el santo Patrono de dicho pueblo y aderezado el altar lo mejor que en aquella cortedad se puede y sin embargo de esto si Vuestra Señoría manda se tenga todo ornamento y cáliz y lo demás necesario (se hará)....".
Por éste párrafo podemos comprobar que en el año 1693 ya había en Vichigasta una iglesia con altar bien adornado, y un Santo Patrono;  ¿dónde sería ? ¿cómo? ¿O la actual iglesia es la original?
Recién en el año 1757, el pueblo aparece en los documentos con el nombre de "San Buenaventura de Vichigasta"; la Iglesia figura en las guías  de turismo como construida en el siglo XVIII, o sea años 1700...
¿Es que se trajo a este Santo recién entonces? ¿o era él el Patrono del que habla Hernando de Herrera en su descargo, pero no lo nombra? Si no era San Buenaventura, ¿quién era el Santo Patrono en aquellos lejanos tiempos? Son algunas incógnitas para develar...
En el empadronamiento mencionado -siempre en el año 1693- figuran los siguientes apellidos indios: Sigampa, Caliba, Layampa, Ancaya (cacique), Anchila, Quilintay, Guanchicay, Aquila (antapa), Aballay (antapa).
También estos apellidos españoles, usados por indios: Pérez, Tejedor, Guitarrero, García (cacique).
Los nombres mas usados son: Salvador, Juan, Pascual, Cristóbal, Miguel, Melchor, Bartolo, Francisco, Andrés, Joseph, Simón, Ignacio, Valerio, Bernabé, Benito; para las mujeres:  Micaela, Petrona, María, Dominga, Menciana, Lucía, Bartolina. Todos son nombres cristianos, lo que muestra que la población india ya estaba bautizada en aquel año.
Estas notas sirven para conocer algo de nuestros ancestros.  Seguiremos buscando.
Que el gran Doctor de la Iglesia, San Buenaventura, que tan bien  explicitó la Verdad, el Bien y la Belleza, patrono de diaguitas y españoles  de Vichigasta, hoy fundidos en un solo pueblo, nos ayude a encontrar mas datos ciertos, para continuar esta historia; para que los vichigasteños, conociendo su pasado, construyan su futuro bajo la amorosa protección de nuestra Madre del Cielo.
 
BIBLIOGRAFÍA  CONSULTADA PARA ESTE TRABAJO
-Cayetano Bruno: "La acción benéfica de España en Indias (Aspecto religioso, antropológico y cultural)", Ediciones Didascalia, 1992, Rosario.
-Anibal Montes: "El Gran Alzamiento Diaguita", Revista del Instituto de Antropología de la Univ. Nac. del Litoral, t. I, 1961, Rosario.
-Guía Turística Y P F, Centro Oeste Argentino, Edit. San Telmo S. A. 1994, Buenos Aires
-Rodolfo Alanís: "MATERIAL Arqueológico de la Civilización Diaguita",  Museo Arqueológico Inca Huasi, 1947,  La Rioja.
-J. Z. Agüero Vera: "Divinidades diaguitas", Editorial Canguro, 1993, La Rioja.
-Dra. Antropóloga Roxana Boixadós: "La visita de Luján de Vargas a las encomiendas de La Rioja y Jujuy (1693-1694)", Universidad Nacional de Quilmes, 2003, Buenos Aires.
-Joaquín V. González: "Mis montañas", Editorial Kapelusz, 1965, Buenos Aires.
-Dardo de la Vega D. : "Toponimia riojana", Editorial Canguro, 1994, La Rioja.
-Armando Bazán: "Historia de La Rioja", Editorial Plus Ultra, 1979, Buenos Aires.
-Licenciado Efraín de la Fuente y  Prof. Carlos Decaro: "Reseña Histórica de la Ciudad de Chilecito y sus Distritos", Ministerio de Salud y Educación de la Prov. de La Rioja y Consejo Deliberante del Dpto. Chilecito, 2003, Chilecito. 
 

 
 
 
 

Enter supporting content here