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Esta página está dedicada a vidas de santos, tradiciones e historias de la Cristiandad

Al grito de "¡San Jorge!"
 
Elena B. Brizuela y Doria de Mesquita

(San Jorge, mártir romano. 23 de abril -  +290)

Las columnas romanas del emperador Diocleciano (el mismo que martirizó a San Sebastián),  eran comandadas por un gallardo capitán, mozo fuerte, noble, rico y corajudo. Incursionaban por el norte del Africa en las inmediaciones de Libia.

En cierto reino se encontraban en una situación dramática: en un lago cercano habitaba un dragón que aterrorizaba a los habitantes pues para buscar comida salía vomitando fuego por su bocaza y arrasando cuanto encontraba. ¿Fenómeno preternatural?

Hombres fuertes y hasta ejércitos  intentaron matarlo sin lograrlo. Para evitar que saliera le tiraban dos ovejas cada día; cuando no las había disponibles, sorteaban a las doncellas...! La adversa suerte le había tocado a la hija del rey en ocasión en que  llegaba el Capitán romano. Al enterarse, pues su primer contacto fue con el monarca, lleno de compasión, tomó participación en el asunto: se hizo la Señal de la Cruz pidiendo la intercesión de la Santísima Virgen para que le permitiera librar a este pueblo de semejante iniquidad.

En su caballo bien aperado emprendió contra el  endemoniado animal y lo atravesó con su lanza, lleno de coraje y fuerza sobrenatural!

El dragón quedó sin vida; la multitud lo aclamaba. El joven, lleno de la Gracia de Dios merecida por sus virtudes y su Fe, quiso que supieran cómo fue que él pudo vencer a la bestia; dio un bello sermón  ante el rey y sus vasallos, lleno de fuego y de verdades; habló del verdadero y único Dios, de Jesucristo el Redentor, de la suavidad y misericordia de María Santísima. Luego los instruyó sobre la Ley y el Santo Evangelio, la religión y las virtudes para alcanzar la vida eterna junto a Dios.

Todos pidieron el bautismo!

Los príncipes le recompensaron con cuantioso dinero..., que generosamente usó para aliviar necesidades de mucha gente.

 

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Es lo que la tradición recogió de los grandes hechos de San Jorge. El gallardo Capitán  combatió con gran coraje y mató al dragón del mal y el error del paganismo con un gran prodigio, difundió el cristianismo por aquellas tierras; fue la mayor obra de misericordia que pudo hacer.

 

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Su martirio

El emperador Diocleciano reunió a sus oficiales y les dio órdenes estrictas de exterminar a los cristianos.

El  Santo Capitán alzó su voz para defender el acierto y el derecho de los condenados a profesar la Fe en Jesucristo.

Asombrado al descubrir que uno de sus mejores hombres había adoptado la tan odiada nueva religión, se enfureció; le recriminó y le amenazó con los peores tormentos.

Pero trató de ganarlo tentándole con grandes glorias y fortuna, si se rendía ante Apolo.

San Jorge le desafió a hacer una prueba en el propio templo pagano, y allí fueron todos.

Frente a ese dios de los romanos , le dijo: Dime, ¿eres Dios?

Apolo respondió: No soy Dios.

Inmediatamente se oyeron espantosos ruidos y gritos y comenzaron los dioses a caer quedando Apolo hecho mil pedazos en la tierra.

Este hecho milagroso fue motivo de conversión de gran cantidad de oficiales, capitanes y gente de mucho valer en el pretorio romano.

Acosado por la furia de los sacerdotes, Diocleciano mandó que el Santo fuera atado a la rueda, tormento sofisticado, con puntas aceradas, que cuando giraba despedazaba las carnes...

El Mártir quedó por muerto...

Pero ocurrió que prodigiosamente se curó,  quedando intacto!

Otra vez el milagro acarreó infinidad de conversiones a la Iglesia de Jesucristo.

Otra vez el emperador intentó tentarlo, y al fin,  mandó cortarle la cabeza.

 

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El gallardo Capitán fue a comandar filas en el Cielo, portando la palma del martirio. Desde allí hizo sentir su coraje e hidalguía, como buen soldado de Cristo: se aparecía con su caballo y su lanza e intervenía en las batallas decisivas, como en Huesca, para ayudar a Jaime el Conquistador, o en las guerras de Pedro I de Aragón contra los moros musulmanes.

 En Portugal se le invocaba en la guerra al grito de ¡San Jorge!, como en España lo hacían diciendo ¡San Tiago!, y en Alemania Kyrie eléison!.

En Inglaterra el rey fundó una orden llamada Los Caballeros de San Jorge, en 1330. Constantino, en el siglo IV ya le había erigido una Iglesia en su honor. El culto a San Jorge se popularizó en toda Europa. Los artistas mas conocidos e importantes lo representaron.

Hoy lo vemos en los escaparates de muchos comercios, porque es tradición popular creer que donde está este santo no entran los ladrones...

 Que venga San Jorge en su corcel, espada en mano, a auxiliar a la Iglesia,  y a cada uno de nosotros en la batalla diaria que debemos librar contra el mal  y en pro de la civilización cristiana. Que restaure plenamente la fe católica en Inglaterra, de la que es Patrono, cuya cruz junto con la acostada de San Andrés- componen su bandera, como una promesa de vuelta a la casa paterna.