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Inauguramos esta sección el 1° de marzo de 2004. Esperamos que sea de su gusto!
La serie "Historias de la Argentina Auténtica" , que aquí presentamos a nuestros lectores, es una iniciativa en defensa de nuestra identidad y del conocimiento de la Argentina real, muchas veces silenciada o deformada por los medios de comunicación masiva y los textos tendenciosos. La idea fue propuesta en la II Jornada Histórico-Genealógica del Tucumán y Cuyo, celebrada en La Rioja el 24 y 25 de octubre de 2003, ante el desconocimiento de nuestra historia y tradiciones que se observa, especialmente en la juventud.
Nos interesa su comentario, que agradecemos de antemano.
Más adelante iniciaremos los "Artículos Didácticos"de esta serie, especialmente dedicados a nuestros jóvenes lectores -con textos adjuntos y guías de análisis y de trabajos-, como una contribución a la labor de los docentes de Historia y a que se desarrolle un sano y verdadero amor a la patria.
 
Indice
"La Gran Entrada" n° 1 - Marzo de 2004 -
"Antes y ahora en nuestras tradiciones", por Elena B. Brizuela y Doria de Mesquita (Sañogasta, La Rioja)
"La Gran Entrada" n° 2 - Abril de 2004 -
"Los Complejos de 'Casa Cuna' y de 'Barbarie' ", por el Prof. Ignacio Tejerina Carreras (Córdoba)
"La Gran Entrada" n° 3 - Mayo de 2004
"La misión de San Fernando del Río Negro - Año 1750", por la Profesora Lic. Helga Nilda Goicoechea (Resistencia, Chaco)

 
Boletín n° 1 "La Gran Entrada" - marzo de 2004 
ANTES Y AHORA EN NUESTRAS TRADICIONES

Elena B. Brizuela y Doria de Mesquita

Sañogasta es un pueblo típico del noroeste argentino. Sus pobladores reviven y disfrutan, enero y febrero. ¿Que ocurre en éstos meses, que no son como los demás?
Todo está colorido y luminoso; y bullicioso por el andar de las gentes que caminan tres días con la querida imagen de su Patrono San Sebastián, visitando las familias desde el alba hasta la noche.
Va anunciando su presencia la enorme "caja del santo", tocada constantemente por hábiles "cajeros" promesantes.
En cada casa, el canto: "...la tierra y plantas esperan, verde será tu favor, ¡misericordia, Señor! "   -Y la lluvia suele llegar,  invariablemente, el primer día nomás, como amorosa respuesta celestial a tan sentido ruego-.
Luego los nueve días de oración y preparación para "las fiestas"; las campanas centenarias -las mismas de la Conquista- resuenan alborozadas con el redoble ancestral, diferente a todos, único, acompañadas siempre por los estruendos de las bombas que atruenan en el cielo; con su sonido vibrante anuncian el alba y las doce del mediodía, y  a la noche las novenas y los rezos..., el himno del Santo, las alabanzas a la Virgen, ¡antiquísimas! que despiertan profundos sentimientos de amor, añoranzas, e identidad...
Algunos preparan  ramadas para aprovechar la ocasión y vender las infaltables comidas: humitas, locro, cabritos, empanadas, cazuela; lo típico para los festejos importantes.
¡Y llegan "las fiestas"! Los días 2 y 3 de febrero, el ápice.
La vieja Iglesia está vestida de lo mejor: muchísimas flores, las más lindas, los manteles con randas antiguas amorosamente guardados para estos días, cobertores de pana o seda, alfombras...
Está reluciente en sus andas  la bella Virgen de Copacabana, la Candelaria hermosa que trajera del Alto Perú, con tanto amor,  el General Pedro Nicolás de Brizuela, el pionero del lugar, a mediados del siglo XVII.  Toda blanca y coronada de plata, llevando en sus brazos a su Hijo, que es la "Luz del Mundo", y su simbólica candela; el dos por la tarde va rodeada de velas encendidas que se bendicen en su día, la fiesta de la Purificación y la Presentación del Niño Dios en el Templo.
También está "vestido" San Sebastián,  custodiado por  su  séquito enorme de alféreces con bandas atravesadas en el pecho y estandartes al aire para hacer la "venia" al Santo Mártir militar, dirigidos siempre por su autoridad, el Alférez Mayor. Muchos de ellos son gallardos jinetes que, el 3, día del Santo, en cierto momento, lucen los aperos y bríos de sus mejores caballos para rendir homenajes especiales  con galopes, venias, vivas y recitados.
Ambos Patronos tienen, cada uno en su día,  la procesión; recorren juntos las calles del pueblo durante dos largas horas, lentamente; la gente reza y canta, caminando bajo preciosos arcos, coloridos gallardetes y carteles de salutación.
Muchos cumplieron sus promesas, otros se casaron, o bautizaron sus hijos, los enfermos y ancianos recibieron la Santa Unción; todos se regocijaron en estas fiestas de Fe, de Sacramentos, de Gracias.
Otros lugares tienen también magníficas celebraciones religiosas con detalles dignos de tener en cuenta: En Nonogasta, los arcos triunfales cubiertos de rosas y la lluvia de pétalos que caen sobre San Vicente Ferrer, en las puertas de las casas principales que están sobre el trayecto que hace la sagrada imagen hasta la casa de los Gordillo Dávila, sus dueños y mayordomos, para ser preparada, o "vestida", para las fiestas patronales.
En Jagüé, casi al pié de la Cordillera, es llamativo el baile de los "Chinos" en honor de la Virgen de Andacollo, a quién nunca le dan la espalda; dirigidos por el "Chino Mayor" hacen su danza acompasada con los sonidos de una flauta y un tamboril, y van vestidos con vinchas, escapularios y un manto triangular sobre la espalda.
En Antinaco, un caserío metido entre los brazos occidentales del Velasco, es famoso el Via Crucis nocturno con el Cristo yacente;  cada estación preparada bajo un arco de sauce y muchísimas flores, y ramas de albahaca que la gente se va llevando; en la cuarta estación aparece una procesión de doncellas llevando  a la Virgen Dolorosa para el "encuentro de Jesús con su Madre", acompañando con cánticos dolidos y  rezos antiquísimos; allí también acostumbran a "velar" al Señor día y noche, con lumbres encendidas en el patio de la Iglesia, con fusiles y velas. Y muy tempranito en la mañana del domingo de Pascua, pasean en procesión a la Virgen del Rosario bellamente vestida, haciendo "paradas" bajo enormes arcos de flores en las cuatro esquinas de la plaza.
                             ***
El Padre Cayetano Bruno, insigne investigador y difusor de nuestra historia, en sus obras transcribe numerosos párrafos escritos por testigos oculares de los siglos XVI y XVII, testimonios que gracias a Dios llegaron a nuestros días, como éstos de Bernal Díaz del Castillo:
"Celebran las fiestas y pascua del Señor y de Nuestra Señora, y de las advocaciones principales de sus pueblos, con mucho regocijo y solemnidad. Adornan sus iglesias muy pulidamente... con muchos ramos de flores,... juncia que echan por el suelo, yerba buena que en estas tierras se ha multiplicado cosa increíble;  y por donde tiene que pasar la procesión hacen muchos arcos triunfales hechos de rosas, con muchas labores y lazos de las mismas flores,... cosa de ver...". "Suelen comenzar los cánticos a media noche "con muchas lumbres en sus grandes patios; porque la gente es mucha, y no caben en las iglesias...".
"Tienen sus bailes y cánticos, a tono con la fiesta que celebraron..."
"En las fiestas de la Purificación o de la Candelaria "traen sus candelas a bendecir..., porque tienen mucha devoción a Nuestra Señora, y por ser benditas en su santo día las guardan mucho".
"Maravíllanse algunos españoles... en el aprovechamiento de los indios... y la penitencia que hacen... que de lejos se vengan a bautizar, casar, y confesar, y en las fiestas oír misa... es muy de notar la fe de estos tan nuevos cristianos".
"...todos los caciques son ricos y traen jaeces con buenas sillas, y se pasean por las unidades y villas y llevan sus indios por pajes que les acompañan,... y juegan cañas y corren toros y corren sortijas, especial si es día de Corpus Christi o el Señor San Juan o Señor Santiago o Nuestra Señora de agosto... todos los más tienen caballos y algunos hatos de yeguas y mulas, y se ayudan con ello a traer leña, maíz y cal, y otras cosas deste arte, y lo venden por las plazas y son muchos dellos arrieros según y de la manera que en nuestra Castilla se usa".
(P.Cayetano Bruno, SDB: "Las Relecciones del Quinto Centenario"  Ediciones Didascalia  -1993-   p.84 y 85).
                             ***
Cada pueblo y ciudad de nuestro antiguo "Reino del Tucumán" sigue conmemorando las fiestas religiosas. Hay muchísimas semejanzas y coincidencias entre lo que relatan los testimonios de la época de la Conquista y evangelización, con las celebraciones actuales. ¿Por qué es así?
Seguramente, con la ayuda de la Gracia de Dios, el trabajo de los misioneros y colonizadores dio buenos frutos, y grabó a fuego en el corazón de la gente nativa los misterios de la Fe y los preceptos de la religión católica.
Y quedó para siempre, a pesar de la modernidad.
Es nuestra Tradición. A todos nos toca conservarla y enriquecerla. A usted también, amigo lector.
 
Boletín "La Gran Entrada" - n° 2 - Abril de 2004
 

LOS COMPLEJOS DE CASA CUNA Y DE BARBARIE EN LA HISTORIA ARGENTINA

 

                                        Por Ignacio G. Tejerina Carreras

Miembro de Número de la Junta Provincial de Historia

Presidente del Instituto Argentino de Cultura Hispánica de Córdoba

E mail: itejerinac@fibertel.com.ar - itejerinac@hotmail.com

 La historia nacional registra dos complejos que han sido absolutamente negativos en el desarrollo de la población argentina, por cuanto han servido para distorsionar la identidad nacional, que es el requisito indispensable para construir sobre bases firmes los pilares de nuestra sociedad. Esos complejos no son otros que los llamados de Casa Cuna y de Barbarie. El complejo de Casa Cuna llamado así por el historiador y escritor Prudencio Bustos Argañarás, es aquel por el cual se nos ha enseñado, con una vehemencia digna de mejor causa, que somos una nación muy nueva, cuya fecha de nacimiento es el 25 de mayo de 1810, momento este en el que simultáneamente habría nacido la Patria. Esta es una absurda teoría que no debemos cansarnos de refutarla, por cuanto ignora que la Patria en sí no tiene un momento preciso de nacimiento, sino que es un noble sentimiento, cuyo origen se pierde en la noche de los tiempos. Pensar de otra manera equivaldría a decir que San Martín, Bolivar, Artigas, Saavedra, Belgrano y tantos otros próceres que nacieron el siglo XVIII eran apátridas.

Si queremos darle un nacimiento a esta sociedad nuestra, éste debe remontarse a la primera unión o mestizaje de españoles e indios  en el territorio nacional, o a la fundación de la primera ciudad fundada en lo que entonces era la parte sur del Virreinato del Perú, o sea, la fundación de Barco, en 1550, por Núñez de Prado, ciudad trasladada tres veces y que por último nombre llevó el de Santiago del Estero, por decisión de Francisco de Aguirre.

El 25 de mayo de 1810 es muy caro y significativo para todos los argentinos, pero no porque naciera la Patria, sino porque fue la toma de conciencia de nuestra madurez y de la separación formal de España por haber llegado el momento de la mayoría de edad. Por eso el 9 de julio, y después de un proceso arduo, nos independizamos de la madre patria. Mayo entonces es un sinónimo importante de alerta, pero nosotros no debemos desconocer que veníamos de un desarrollo que había nacido 245 años antes.

Dijimos recién que la unión  y el mestizaje del aborigen y el conquistador están en el  comienzo de este país que ha devenido multiétnico y multicultural, y al hablar de los nativos de la tierra y de los peninsulares ibéricos estamos diciendo que nuestra prehistoria o la historia anterior que tenemos, está en este suelo americano que pisamos y en España. Debemos asumir como propias la historia de los pueblos precolombinos del suelo argentino al mismo tiempo que asumir, y tener como propia también, a la historia de España.

Por esa absurda enseñanza de decenas de años en que se han minusvalorado los períodos que comprenden los pueblos nativos y el período hispánico mal llamado colonial, es que todavía no podemos encontrar nuestro norte. Nuestros textos escolares la mayor parte de las veces tienen unas pocas páginas destinadas a los naturales de la tierra, unas tres o cuatro páginas dedicadas a las fundaciones de las principales ciudades por parte de los conquistadores españoles, para luego saltear doscientos años como si nada hubiese pasado y como si nada le debiéramos los argentinos de hoy a nuestro pasado hasta la creación del Virreinato del Río de La Plata, que quizás llegue a abarcar una docena de páginas. Esto equivale a decir que se pasan por alto centenares de años tanto de las etnias aborígenes como de la historia de España, especialmente el período en que durante 200 años formamos parte integrante del Virreinato del Perú. Parecería que todo esto no es digno de ser estudiado y de ahí es que sólo son reconocidos como próceres argentinos aquellos del siglo XIX, no así los nacidos en siglos anteriores y que contribuyeron a forjar nuestro pueblo y nuestra identidad. Por eso desde esta columna reivindiquemos en estas pocas líneas al valiente Hernandarias, gran caudillo criollo y excelente gobernante del siglo XVII, a fray Fernando de Trejo y Sanabria, ilustre propulsor de la Universidad de Córdoba, al Dr. Ignacio Duarte y Quirós, fundador del real Convictorio de Nuestra Señora de Monserrat, hoy Colegio Nacional de Monserrat, a D. Jerónimo Luis de Cabrera, criollo nieto del fundador de Córdoba, el primero que quiso poblar las tierras patagónicas y fue allá en 1623 y D. Luis de Tejeda, nuestro primer y gran poeta nacional, nacido también en Córdoba.

En cuanto al complejo de Barbarie, es aquel que hace que pensemos que todo lo que viene de afuera es mejor que lo que producimos en el país. Y esta subestimación tiene su origen en algunos de los hombres -no muchos pero importantes- que fueron protagonistas de los episodios vinculados con  nuestra independencia o períodos siguientes.

Pensaban que romper con la corona española tenía que tener su correlato en el rompimiento con el pasado amasado precisamente por los criollos, que eran los descendientes de los peninsulares llegados a América. Con posterioridad el Alberdi joven, Juan María Gutiérrez y Domingo Faustino Sarmiento, la emprendieron en sus escritos y sus acciones contra todo lo que tuviésemos de españoles, incluido por supuesto la lengua y el mismo pueblo, confiando que la inmigración, en especial la de europeos no latinos, mejoraría la raza. Y con ello nuestro carácter y temperamento.

Superar estos complejos significa generar autoestima, un requisito indispensable para nuestro crecimiento. Esto nos permitirá palpar las claves de nuestra hermandad con los pueblos hispanoamericanos, con los cuales nos une no sólo una situación de dependencia en el mundo actual, sino también una tradición, lengua, cultura e historia común como lo expresa la cantante cubana Gloria Estefan en su conocido tema Hablemos el mismo idioma.

 

 Boletín "La Gran Entrada" - n° 3 - Mayo de 2004

LA MISION DE SAN FERNANDO DEL RIO NEGRO - AÑO 1750


 

                 Por Helga Nilda Goicoechea (*)
Profesora y Licenciada en Historia de la Universidad Nacional del Nordeste

El Chaco fue durante los siglos XVI al XVII, dominio del indio. Numerosas naciones aborígenes que huían del conquistador español, se hicieron fuertes y conservaron su libertad en la amplia y boscosa llanura chaqueña.
Los españoles llamaron a estas tribus belicosas, guaycurúes, grupo formado por los tobas, mocovíes y abipones. Eran pueblos de cazadores  nómades, que en el siglo XVII adquirieron movilidad con la posesión del caballo.
La evangelización de estos aborígenes fue siempre difícil. Después del efímero asentamiento de  la Ciudad  de Concepción del Bermejo, fundada en 1585 y abandonada en 1632, algunos misioneros como los Padres Alonso de Barzana y años después Juan Pastor y Gaspar Cerqueira llegaron a las tribus del Bermejo desde Santiago del Estero.
Pero recién a partir  de 1740, los jesuitas de Santa Fe intentaron la conversión de mocovíes y abipones, no por la fuerza sino por medio de tratados de paz. Surgen así las reducciones de San Javier de mocovíes en 1743 y la  de San Jerónimo del Rey de abipones de 1748.

La reducción de San Fernando

Los abipones vivían para la guerra. La ciudad de Corrientes sufría continuos ataques: "la existencia del ancho río en nada impedía que los abipones pudieran invadir la ciudad de Corrientes y causar estragos en ella y en sus alrededores" escribía Dobrizhoffer, misionero de San Fernando.
El éxito de las reducciones santafesinas, llevó al Teniente Gobernador de Corrientes, Nicolás Patrón a pedir a los jesuitas de Santa Fe que fundaran una reducción de abipones  que sirviera de muro protector de su  ciudad. Se puso en contacto con Ychoalay, cacique de San Jerónimo y a través  de él con Naré, cacique de la parcialidad de abipones instalados frente a Corrientes, para instalar una reducción en la margen derecha del río Paraná, atendida por los padres jesuitas.
El sitio elegido fue una pequeña llanura a orillas del río Negro, cortada por bosques y esteros."Este no era el mas oportuno, pero era el único que por entonces se halló" dice el misionero. Corrientes se comprometía a proveer ganado, útiles de labranza  gastos de construcción de la iglesia y las primeras casas, que comenzaron a construirse en 1750.

El 26 de agosto de 1750 se hizo solemne entrega del pueblo a los padres jesuitas y se labró acta de fundación. Fue nombrado párroco el Padre Tomás García y corregidor al cacique Naré y se distribuyeron las casas. Al día siguiente, 27 de agosto, el Padre García juntó al pueblo al sonido  de
campana y se bendijo la iglesia  e hizo aclamación del patrono San Fernando Rey.
Todos dijeron en voz alta y por tres veces: Viva y permanezca el pueblo de  San Fernando del río Negro en servicio de Dios y del Rey
Fernando III, el Santo, rey de Castilla entre 1217 y 1252 fue ungido así como patrono, cuando reinaba en España Fernando VI.
La ciudad de Resistencia, instalada en la misma zona, de la abandonada misión, mantuvo el Patrono y su Iglesia Parroquial, lo honró debidamente.
Una imagen  que presenta  al Santo de pie, con sus vestiduras de guerrero medieval, los atributos reales: manto púrpura orlado en oro y corona, sosteniendo el mundo en la mano izquierda y la espada en la derecha; fue bendecida y entronizada en el templo el 30 de mayo de 1912 y desde esa época  preside la Parroquia  San Fernando- Iglesia Catedral y está expuesta a la devoción de los fieles. 

Un santo misionero:
el Padre José Klein

La reducción jesuítica permaneció hasta la expulsión de los padres en 1767, es decir diecisiete años. El padre José Klein que fue el último misionero, la dirigió durante trece años. No fue nada fácil su tarea; las dificultades fueron enormes y provenían de la naturaleza de los abipones, del clima y alimañas, de la escasez de recursos económicos y del abandono de los que debían ayudarlo. Pero no se dejó abatir; estableció un aserradero, un obraje y una estancia para proveer a sus indios. Pero lo mas desalentador era el poco adelanto espiritual de sus neófitos, la deserción, y  la guerra entre las distintas parcialidades aborígenes.

El Padre Dobrizhoffer, que fue su compañero por algunos años deja un buen retrato de ese extraordinario misionero cuando escribe: "vino después del Padre Klein, quien no obstante su no muy fuerte salud, pudo llevar tan grande peso hasta el fin. Se podrá barruntar  o concebir, pero jamás relatar o describir todo lo que hizo y sufrió este misionero durante los  casi veinte años que aquí pasó. Supo vencer todo peligro y miseria, pues valientemente despreciaba lo primero y pacientemente toleraba lo segundo."
En las cartas del Padre Klein, que son realmente conmovedoras, al final encontramos una lucecita de esperanza cuando informa al Superior "quise darle algunas otras noticias acerca de nuestros indios que se van componiendo e inclinando, en especial, los muchachos y las muchachas que vamos criando, a las cosas  de nuestra Santa Fe". Y el Padre Martín agregaba "día a día, con el trato de los misioneros se hacían más mansos y tratables".
El retiro forzoso de los Padres frustró este intento de evangelización. La reducción no se mantuvo y solo quedó para esta región el nombre de San Fernando con que los correntinos conocían  la costa de enfrente, y a la que acudían en busca de madera y palma para la construcción.

(*) La autora

Helga Nilda Goicoechea
Nació en Resistencia, profesora y licenciada en historia egresada de la UNNE (Universidad Nacional del Nordeste). Ex profesora de la Facultad de Humanidades y Directora del Instituto de Historia. Profesora del Seminario Interdiocesano de Resistencia. Miembro correspondiente  de la Junta de Historia Eclesiástica Argentina. Autora  de diversas publicaciones sobre historia argentina y regional; entre ellas el libro "LA DIÓCESIS DE RESISTENCIA - Un obispado de Frontera (1878-1957)" publicado por la  Editorial Universitaria  de la Universidad Nacional del Nordeste en 1998.
Agradecemos la colaboración de la docente e investigadora Irma Agara, de Resistencia, Chaco, para la publicación de este artículo. La Redacción.

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Serie "Historias de la Argentina Auténtica" -  Iniciativa en defensa de nuestra identidad propuesta en la II Jornada Histórico-Genealógica del Tucumán y Cuyo, celebrada en La Rioja el 24 y 25 de octubre de 2003. Si desea colaborar con esta iniciativa o enviarnos su comentario, sírvase entrar en contacto con nosotros. Muchas gracias.
Centro de Estudios Históricos, Genealógicos y Heráldicos del Mayorazgo de San Sebastián de Sañogasta
santafedelnevado@hotmail.com